Su cerebro está diseñado para protegerlo de daños—especialmente de los daños causados por el estrés real (y hasta el imaginado). La respuesta inicial a una situación estresante proporciona una explosión de energía para ayudarle a responder a la percibida amenaza. Esa es parcialmente la razón por las que el estrés y la ansiedad ocasionales pueden ayudar a proporcionar la motivación que necesita para abordar un gran proyecto de trabajo, estudiar para una prueba o comenzar un nuevo trabajo.

El estrés es causado por estímulos externos (también llamados detonantes), mientras que la ansiedad es parte de la respuesta interna al estrés. Y aunque el estrés es una parte inevitable de la vida, los humanos no están bien equipados para sobrellevar períodos prolongados de estrés y ansiedad. Por lo tanto, el estrés no controlado o la ansiedad crónica pueden causar estragos en las emociones, la memoria y la salud en general.

COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus—y la sobrecarga de información que el mismo ha provocado—ha aumentado los niveles mundiales de estrés y ansiedad. El cerebro humano es complejo y proporciona la capacidad única de imaginar amenazas a su salud, incluyendo la manera en que este virus podría causarle daño. La mayoría de las personas con COVID-19 se recuperan y solo experimentan síntomas leves a moderados: dolores corporales, fiebre y tos. Pero la incertidumbre de cómo afectará su salud física, financiera y social (y la de sus seres queridos) ha provocado niveles sin precedentes de estrés y ansiedad.

Cómo funcionan el estrés y la ansiedad: un repaso

Nuestros antepasados necesitaban la respuesta conocida como lucha o huida para sobrevivir los retos que les deparaba el mundo hostil en el que vivían. Cuando estaban temerosos o estresados, una oleada de adrenalina los preparaba para huir de situaciones peligrosas o para luchar y defender su terreno y sobrevivir. En una sociedad moderna, es muy raro que necesitemos de dicha respuesta para realmente sobrevivir.

El estrés provoca una reacción en cadena que comienza en su cerebro protector. Cuando usted experimenta un evento que puede ser percibido como temeroso, la amígdala, una masa en forma de almendra ubicada en cada hemisferio cerebral, se pone en marcha. Esta compleja masa de células ayuda a regular los instintos de supervivencia (respuestas de lucha o huida), las emociones, las secreciones hormonales y la memoria.

La investigación sugiere que la amígdala también está involucrada en el proceso del desarrollo de la ansiedad. Se cree que las personas con trastornos de ansiedad tienen amígdalas hiperactivas. Las amígdalas son parte de una red más grande dentro del sistema nervioso central que regulan los efectos fisiológicos del estrés y la ansiedad.

El sistema de respuesta del cuerpo al estrés está diseñado para activarse cuando sea necesario y desactivarse cuando la amenaza ha pasado. Sentir ansiedad y estrés es parte de un proceso temporal que nos ayuda a mantenernos alerta y así poder detectar señales de peligro. Pero el estrés y la ansiedad persistentes pueden volverse problemáticos e interferir con la salud física y mental.

Una pandemia mundial en curso crea condiciones que desarrollan el estrés persistente. Por lo tanto, es importante entender cómo la crisis de COVID-19 podría afectar su salud mental y física y encontrar maneras de manejar el estrés y la ansiedad que está sintiendo.

Cómo la sobrecarga de información contribuye al estrés y la ansiedad

El mundo ha evolucionado más allá del simple uso del Internet para el trabajo o la escuela. Ahora es también un conducto de entretenimiento, una forma de conocer y conectarse con la gente, y una vía para compartir las noticias de todo el mundo—y todo está a su alcance las 24 horas del día.

Muchas personas comienzan su rutina cada mañana leyendo un periódico, participando en las redes sociales, viendo las noticias, o escuchando la radio. Pero, ¿es esta una forma saludable de comenzar el día?

Una encuesta efectuada en el 2014 por la emisora National Public Radio (NPR), la Fundación Robert Wood Johnson y la Escuela de Salud Pública de Harvard, descubrió que el 40 por ciento de los encuestados reportaron sentirse estresados el mes anterior. Estos encuestados también mencionaron que leer o escuchar reportes de noticias fue un factor contribuyente.

La mayoría de las personas no han vivido una pandemia a nivel mundial tan devastadora como la de COVID-19. El estilo de vida de casi todas las personas ha cambiado abruptamente debido a un pequeño virus que ni siquiera es visible a simple vista, causando una crisis sanitaria y financiera mundial y que muchos teman sientan temor de lo desconocido.

El moderno ciclo de noticias de 24 horas proporciona un flujo continuo de información de todo el mundo en rápida evolución. Las noticias sobre COVID-19 están en todas partes y no se limitan a fuentes de información creíbles. Los blogs, sitios web y cuentas de redes sociales están llenas de opiniones e información que pueden o no ser correctas.

Esta implacable inundación de información hace que sea difícil distinguir entre la información que es confiable y útil, la información–verdadera o a medias–que ha sido exagerada, o la información descaradamente falsa. Cuando se tiene en cuenta el distanciamiento social obligatorio que nos separa de seres queridos, las luchas financieras y el miedo a lo desconocido, no es de extrañar que las personas se sientan abrumadas e impotentes, contribuyendo a más estrés, ansiedad, fatiga y sentimientos de impotencia.

Es normal sentirse temeroso y ansioso en situaciones estresantes que usted no puede controlar. Sin embargo, la buena noticia es que hay aspectos de la vida y estrategias que sí puede controlar y que puede poner en práctica para ayudarse a manejar y aliviar el estrés y la ansiedad.

El estrés es un ciclo con muchas fases y síntomas. Puede cambiar la forma en que usted maneja el estrés y eso puede ayudarle a sentirse mejor. Es importante prestar atención a su salud física y mental, y reconocer las señales y síntomas del estrés en sus seres queridos para así saber cuándo buscar ayuda.


 Identificación de las señales del estrés

Todos experimentamos estrés ocasional, pero es la repuesta al estrés y a la ansiedad lo que marca la diferencia. Los síntomas del persistente y descontrolado estrés psicológico y físico son muchos. Estos son algunos de los síntomas más notorios:

  • Un aumento o disminución en la actividad o los niveles de energía típicos
  • Dificultad para dormir o relajarse
  • Latidos del corazón acelerados
  • Dolores de cabeza frecuentes
  • Malestar gastrointestinal
  • Cambios en el apetito
  • Aumento del estado de alerta
  • Sentirse malhumorado o enojado
  • Preocupación excesiva
  • Sentir depresión o tristeza inusual
  • Sentir cansancio
  • Incapacidad de divertirse o disfrutar
  • Preferir estar a solas
  • Sentir ansiedad, temor o confusión
  • Dificultad para tomar decisiones y pensar con claridad
  • Un aumento o disminución en el uso de alcohol, tabaco o en el uso indebido de drogas legales e ilegales

La activación a largo plazo del sistema de respuesta al estrés de su cuerpo puede aumentar el riesgo de desarrollar graves problemas de salud. Por eso es importante reconocer las señales y síntomas del estrés y tomar las medidas necesarias para mantener dichos sintomas bajo control.


Consejos para controlar el estrés relacionado con la información durante COVID-19

Es posible que no pueda controlar el mundo para eliminar el estrés, pero es posible cambiar la forma en que usted responde al estrés, lo cual puede hacer toda la diferencia en cómo usted se siente. Reducir el estrés proporciona, a menudo, alivio inmediato y puede proporcionar beneficios a largo plazo para su salud. Aprender a lidiar con situaciones estresantes ahora puede incluso ayudar a que situaciones en el futuro sean más fáciles de manejar.

Como leyó anteriormente, la información es importante, pero también puede llegar a ser abrumadora. Encuentre un equilibrio entre mantenerse informado sobre el brote de COVID-19 a la vez que mantiene su cordura disminuyendo los niveles de estrés. Pasar demasiado tiempo viendo las noticias y preocupándose acerca del tema puede conducir a un aumento en sus niveles de estrés y ansiedad.

Comience por establecer límites en la cantidad de tiempo que pasa en línea o viendo las noticias. Además, identificar el “por qué” de su comportamiento de estar en las redes sociales de manera excesiva es el primer paso para romper el hábito.

No solo limite el tiempo que dedica a ver las noticias del día. Asegúrese de que las fuentes de información que acceda sean creíbles y de calidad. La información puede cambiar rápidamente a medida que se descubre más sobre este virus. Es por eso que es vital encontrar fuentes precisas y confiables. Conocer los hechos puede ayudarlo a protegerse usted y sus seres queridos, y brindarle una sensación de paz que le ayude a manejar mentalmente los momentos difíciles.

Buenas fuentes de información sobre brotes de enfermedades infecciosas:

  • Su médico
  • Departamentos de salud estatales o locales
  • Agencias gubernamentales de salud
  • Las organizaciones internacionales de salud (como la Organización Mundial de la Salud) son buenas fuentes

Respire profunda y calmadamente y aprenda estrategias sobre cómo lidiar con el estrés

En lugar de lanzarse al agujero de sobrecarga de información, hay actividades que puede hacer y hábitos que puede adoptar para ayudar a combatir el estrés adicional causado por la pandemia.

  1. Socialice, comparta y vea, con precaución, a otros: A la mayoría de las personas les gusta socializar. Es por eso que ha sido tan difícil cumplir con la cuarentena o el distanciamiento social de amigos y familiares. El apoyo social es un componente crítico de las relaciones saludables y la salud psicológica sólida. Su red de familiares y amigos juega un papel clave en su vida diaria y usted juega un papel en la vida de ellos. Este sistema de apoyo emocional está ahí para usted en momentos de estrés para reforzarlo y ayudarlo a mantenerse firme durante tiempos difíciles.

Hable con familiares, amigos o seres queridos que puedan estar experimentando estrés y ansiedad similares. Un estudio en la revista Behaviour Research and Therapy encontró que las personas que pudieron escribir con éxito o expresar verbalmente sus sentimientos relacionados con el estrés sintieron mejoras significativas en su propia salud física.

Conectarse con otras personas para compartir información confiable y expresar sentimientos e inquietudes puede ayudarlo a desarrollar estrategias saludables para sobrellevar momentos estresantes de una mejor manera. Si no puede estar en persona con familiares y amigos de forma segura, conéctese con ellos virtualmente. FaceTime, ZOOM, Google Hangouts y muchas otras opciones de video chat están disponibles para visitas virtuales, o bien, hágalo como se hacía antiguamente, a través de una llamada telefónica, texto, correo electrónico o carta–lo que funcione mejor. También podría considerar unirse a un grupo de apoyo del coronavirus en línea.

  1. Designe períodos de tiempo cada día para desconectarse de sus aparatos electrónicos: Apague la televisión, el teléfono móvil y cualquier otro aparato. La información seguirá estando allí cuando esté listo para volver a conectarse.
  1. Programe en su calendario un horario regular para relajar su cuerpo y su mente: Hay muchas opciones: Puede meditar, hacer yoga, respirar profundamente, practicar la atención plena, darse un baño, leer un libro, disfrutar de un hobby, escuchar música relajante, hacer estiramientos suaves, o salir a caminar o correr. El ejercicio es especialmente útil para aliviar la acumulación de estrés y reducir la tensión muscular que lo acompaña.
  1. Disfrute de la naturaleza: La investigación muestra que pasar tiempo al aire libre alivia el estrés y disminuye las hormonas del estrés. Cuando está al aire libre disfrutando de la naturaleza, la presión arterial y la frecuencia cardíaca disminuyen, el estado de ánimo mejora, los sentimientos de ansiedad y estrés disminuyen, y la claridad mental mejora. Durante la pandemia de COVID-19, disfrutar del aire libre también proporciona una buena manera de distanciarse socialmente.
  1. Elija alimentos saludables: Tomar decisiones más saludables para cuidar su cuerpo tendrá un impacto positivo en su salud y bienestar general. Evite comprar comida rápida y esfuércese en preparar y comer regularmente comidas saludables con muchas frutas, verduras, granos integrales y fuentes de proteínas magras. No se olvide de mantenerse hidratado y asegúrese de que está durmiendo la cantidad recomendada de sueño (7-9 horas) cada noche. Además, lávese las manos regularmente.

Si se le dificulta controlar el estrés y la ansiedad que siente, al punto de verse afectadas su salud y su vida diaria, busque ayuda de un profesional de la salud. Un profesional de la salud puede ayudar a aclararle lo que puede estar sintiendo y proporcionarle herramientas adicionales para el manejo del estrés.

Cuídese

Aprender nuevas formas de descomprimir y encontrar momentos libres de estrés en la vida cotidiana es importante para la salud a largo plazo en cualquier momento, sobretodo durante una pandemia mundial.

Es comprensible que se sienta ansioso y preocupado por lo que está sucediendo en el mundo y lo que podría suceder con muchos aspectos de su vida. Lo más importante que debe recordar es escuchar lo que su cuerpo le está diciendo, saber lo que siente por dentro, y darse lo que necesita, cuando lo necesite. Esfuércese por mantener la esperanza, celebre sus logros incluso si son pequeños, exprese gratitud y amor, y no tenga miedo de buscar ayuda profesional si la necesita.

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El estrés es una realidad y lo mismo sucede con el cortisol —su fiel compañero durante las situaciones estresantes. El cortisol está ahí en los breves momentos de estrés, como cuando usted se levanta tarde y tiene que salir corriendo al trabajo. Y el cortisol está ahí cuando padece estrés a largo plazo, como cuando tiene que lidiar con una enfermedad crónica.

Hay mucho que conocer acerca de la principal hormona del estrés producida por su cuerpo. Ello se debe a que realiza muchas otras funciones además de hacerlo sentir abrumado. Consulte esta lista de datos sobre el cortisol y vea todo lo que esta hormona es capaz de hacer.

  1. El cortisol es una hormona que viaja por la sangre

El cortisol es una hormona esteroidea liberada dentro del torrente sanguíneo como respuesta al estrés. Cualquier actividad estresante puede provocar un aumento en los niveles de cortisol. Puede tratarse de una situación cotidiana, como el estrés en la casa o en la oficina. El estrés también puede ser causado por amenazas físicas como un accidente automovilístico, una caída grave o cualquier tipo de situación peligrosa. El aumento del cortisol es parte de la reacción natural de su cuerpo frente a estas situaciones estresantes.

Es el principal mensajero químico que puede transmitir instrucciones o información de una parte del cuerpo a otra durante los momentos de estrés. Probablemente por eso al cortisol también se le conoce como “la hormona del estrés”.

Por lo general los niveles de cortisol se disparan cuando el estrés es alto y regresan a la normalidad cuando este disminuye. Los picos en los niveles de cortisol pueden ayudar a su cuerpo a funcionar bajo presión, pero cuando la concentración de cortisol permanece alta demasiado tiempo, algunas funciones corporales pueden sufrir un impacto negativo.

  1. El cortisol es producido por las glándulas suprarrenales

En la parte superior de los riñones hay unas glándulas con forma de triángulo llamadas glándulas suprarrenales. Dado que los riñones filtran la sangre, resulta un lugar ideal para producir esta hormona. De esa forma, el cortisol encuentra un camino fácil de las glándulas suprarrenales al torrente sanguíneo.

Aunque el cortisol es producido en las glándulas suprarrenales, estas son incapaces de liberarlo dentro del torrente sanguíneo por sí solas. Las glándulas suprarrenales deben esperar instrucciones del cerebro antes de secretar el cortisol en el cuerpo.

  1. La glándula pituitaria controla la liberación de cortisol

Las órdenes de las glándulas suprarrenales provienen de una pequeña región del cerebro del tamaño de un chícharo llamada glándula pituitaria. Desde este lugar, ubicado en el centro del cerebro —detrás de los ojos— se controla la liberación de muchas otras hormonas además del cortisol.

La glándula pituitaria y el hipotálamo trabajan en conjunto para detectar el estrés. Para ayudarlo a sobrellevar una situación estresante, la glándula pituitaria puede modificar la cantidad de cortisol que circula por su sangre, y si los niveles suben o bajan fuera del rango normal, la glándula pituitaria puede ajustar la cantidad de hormona liberada por las glándulas suprarrenales.

  1. Casi todos los tipos de células en el cuerpo poseen receptores de cortisol

Los mensajeros químicos como el cortisol solo pueden actuar si la célula a la que se dirigen tiene un receptor. Eso es lo que le permite unirse a ella y entregar su mensaje. Una de las razones por las cuales las funciones del cortisol son tan amplias es porque prácticamente todas las células cuentan con receptores de cortisol, así que el cortisol tiene la habilidad de provocar cambios en casi todas las partes del cuerpo.

  1. El cortisol promueve la eficiencia energética

La glucosa es el compuesto que su cuerpo necesita para crear energía a nivel celular (ATP). Los carbohidratos son el alimento del que resulta más fácil para su cuerpo extraer glucosa. Las grasas y las proteínas son más complicadas y requieren más pasos.

Bajo circunstancias normales, su cuerpo almacena grasas y proteínas para tener reservas energéticas. Cuando su cuerpo está estresado y necesita toda la energía posible, el cortisol aparece y ayuda a transformar las grasas y proteínas en glucosa fácilmente disponible. De esta manera, el cortisol hace que el combustible de su cuerpo sea más eficiente al utilizar las grasas y proteínas de su dieta para generar energía de manera inmediata.

El proceso de convertir grasas y proteínas en glucosa se conoce como gluconeogénesis (gluco = glucosa, neo = nuevo, génesis = crear). Es un camino alternativo que su cuerpo puede tomar para producir glucosa de fuentes que no son carbohidratos.

La gluconeogénesis aumenta el nivel de glucosa disponible cuando su cuerpo más necesita energía. Al convertir grasas y proteínas en azúcares, su cerebro mantiene una provisión constante de glucosa mientras distribuye la suficiente energía para que sus músculos, corazón y pulmones sigan funcionando.

Sin el cortisol, su cuerpo consumiría su propio tejido muscular y adiposo para obtener energía. En lugar de eso, el cortisol protege sus músculos y su grasa corporal durante los periodos de mucho estrés.

  1. El cortisol puede contribuir al aumento de peso

Mucha gente se refugia en la comida cuando se siente abrumada por el estrés. Esta ansiedad por alimentos abundantes en grasas o por alimentos con mucha azúcar es de hecho el resultado de un aumento prolongado en los niveles de cortisol.

El aumento del cortisol estimula la liberación de insulina adicional, lo que puede causar una caída en los niveles de azúcar en la sangre. Para recuperar los niveles normales de azúcar el cuerpo pide comidas altas en carbohidratos. Esta solución temporal con comidas abundantes en grasas o azúcares subirá sus niveles de azúcar, pero también puede crear hábitos nocivos.

Cuando el aumento del estrés y del cortisol se prolongan demasiado, también aumentan la insulina y el antojo por comidas que engordan. Con el tiempo, comer alimentos abundantes en grasas o con mucha azúcar puede provocar resistencia a la insulina y aumento de peso.

Cabe subrayar que no es el cortisol en sí mismo lo que dispara el aumento de peso, pero la consecuencia de mantener niveles altos de cortisol por mucho tiempo y los efectos sobre la insulina y el azúcar en la sangre pueden llevarlo a ganar unos kilos.

  1. El sistema inmunológico puede verse afectado por el cortisol

Para dotar de energía a su cuerpo durante los momentos de estrés, el cortisol disminuye algunas funciones corporales. Desafortunadamente, su sistema inmunológico es uno de los sistemas que pasa a segundo plano. Por eso no resulta sorprendente que los estudios muestren que los elevados niveles de cortisol suprimen temporalmente la función de su sistema inmunológico.

La forma en que el cortisol hace esto es extrayendo recursos de las células que combaten los gérmenes. La producción de glóbulos blancos se reduce, dándole oportunidad a los virus y bacterias para actuar. La inflamación (la reacción natural de su cuerpo frente a una infección) también disminuye durante los periodos de estrés. Eso sucede en parte porque el cortisol reduce el suministro de las células que promueven la inflamación (células B y células T auxiliares).

Cuando los niveles de cortisol bajan y su sistema inmunológico regresa a la normalidad, tiene mucho trabajo pendiente. Los virus en estado latente se aprovechan de los periodos de baja inmunidad para infectar al cuerpo. Por eso usted puede llegar a sentirse enfermo tras padecer largos periodos de estrés.

  1. Los problemas de memoria y el cortisol están conectados

Resulta difícil pensar con claridad bajo estrés. Si alguna vez se le ha hecho tarde y no encuentra sus zapatos o las llaves del coche, sabe que esto es verdad. Los niveles elevados de cortisol pueden empañar su memoria y provocar que sea difícil recordar información importante.

Irónicamente, el cortisol ayuda a la formación de la memoria, lo que explica por qué algunas de sus experiencias más aterradoras permanecen como recuerdos vívidos. Pero cuando se trata de recordar habilidades (las que se necesitan para un examen o para recordar el nombre de alguien) el cortisol surte el efecto contrario.

El cortisol se conecta a los receptores del hipocampo y de la amígdala —el núcleo de la memoria de su cerebro. Cuando el cortisol que circula por la sangre es demasiado, su cerebro se abruma, y el aluvión de hormonas del estrés hace difícil recordar información.

Un experimento científico demostró que la gente recuerda mejor la información una vez que los niveles de cortisol empiezan a disminuir. Los hallazgos del estudio apoyan la idea de que tratar de calmarse cuando se siente estresado puede mejorar su habilidad para recordar información.

Inhalar profundamente, estirarse, meditar y las afirmaciones positivas son actividades que pueden reducir el cortisol y ayudarlo a calmarse. La próxima vez que se sienta estresado, intente hacer una pausa durante un minuto y respire para relajarse. Puede ser el truco que le ayude a recordar lo que necesita.

  1. Los niveles elevados de cortisol pueden impactar de manera negativa el desarrollo de sus huesos

El cortisol desvía energía hacia los músculos y el cerebro. Pero ¿qué parte del cuerpo recibe el golpe? Los huesos son una de esas partes. Su crecimiento se detiene como resultado del incremento de la hormona del estrés. Y aunque sus huesos ya no crecen en la edad adulta, sí dependen de los mecanismos de crecimiento para mantenerse fuertes.

Los osteoblastos, las células encargadas de fabricar los huesos, se apagan cuando los niveles de cortisol son muy altos. Los osteoblastos refuerzan los huesos depositando calcio y colágeno en la estructura ósea. Cuando los osteoblastos no pueden trabajar durante los picos de producción de cortisol, su contraparte (los osteoclastos) provocan caos en el tejido óseo.

Los osteoclastos reabsorben el calcio de los huesos. Desmineralizar los huesos los vuelve más frágiles y proclives a fracturarse. Así que los largos periodos de estrés eventualmente pueden debilitar el tejido óseo. Por eso resulta tan importante mantener los niveles de cortisol dentro de rangos normales —por el bien de sus huesos, así como del resto de su cuerpo.

Cómo reducir los niveles de cortisol

El cortisol y el estrés van de la mano. Así que reducir el nivel de estrés en su vida puede garantizar que los niveles de cortisol se mantengan dentro de un rango saludable. En términos generales, menos es más cuando hablamos de cortisol.

Intente realizar algunas de estas actividades para mantener controlado el cortisol la próxima vez que se sienta estresado:

  • Haga del ejercicio una prioridad. Puede ser caminar, nadar, hacer jardinería o jugar con sus hijos.
  • Medite todos los días. Tómese un momento para liberarse del estrés y sintonizarse con su cuerpo y su mente.
  • Concéntrese en respirar profundamente. La respiración profunda puede reducir el cortisol y ayudarlo a calmarse cuando se siente abrumado.
  • Practique yoga. Esta forma de estiramiento combina meditación y ejercicio, lo que ayuda a la relajación.
  • Busque distracciones benéficas. Dedique tiempo a sus pasatiempos favoritos, ayude a alguien que lo necesite o realice algún proyecto manejable en casa. Ser productivo puede alejar sus pensamientos de aquello que lo está estresando.
  • Duerma bien. Los niveles de cortisol son cíclicos. Cuando usted no duerme lo suficiente, el nivel de cortisol se mantiene alto y puede hacerlo sentir aún más estresado.
  • Aliméntese sanamente. Llene su estómago con una buena comida preparada con ingredientes nutritivos que le den energía a su cuerpo.
  • Aprenda a decir “no”. Ésta es difícil. No tome más responsabilidades de las que pueda manejar. Evite hacer demasiadas cosas al mismo tiempo y priorice las actividades más importantes.

El estrés es inevitable y juega un papel importante en su vida. Un poco de estrés puede ser beneficioso, motivándolo a lograr sus objetivos y completar las tareas necesarias. Pero el estrés en exceso puede dejarle un sensación de agobio, o incluso enfermarlo. Esto se debe a que los efectos negativos del estrés en la función inmunológica son significativos.

Piense en su vida. Sentirse bien y estar estresado no es algo que generalmente se dé al mismo tiempo, ¿verdad? Esto se debe a que el estrés presente en su cuerpo y su mente puede debilitar su sistema inmunológico. ¿Por qué ocurre esto? Su cuerpo está trabajando a su más alta capacidad para que usted pueda rendir al máximo y enfrentar sus factores estresantes, lo que significa que la fortaleza de su inmunidad puede verse afectada.

Aunque esta respuesta a la pregunta es muy básica, al menos es un buen comienzo para iniciar una conversación más profunda sobre cómo el estrés afecta la función inmunológica. Primero, usted debe conocer la forma en que su cuerpo responde a factores estresantes para que pueda ver cómo el estrés y la inmunidad están conectados. Luego aprenderá maneras de mejorar su reacción al estrés que le ayudarán a cuidar de su salud durante momentos difíciles.


El lenguaje del estrés

Aprender algunos de los términos que se usan en referencia al estrés le ayudará a comprender mejor las respuestas naturales de su cuerpo. Aquí están los conceptos básicos:

  • Factor estresante: Cualquier estímulo que cause estrés. Hay dos tipos de factores estresantes: físicos y psicológicos. Los factores estresantes físicos le causan estrés al cuerpo. Los factores estresantes psicológicos afectan la mente.
  • Hipotálamo: Un importante centro de mando en el cerebro. Esta región es aproximadamente del tamaño de un centavo y se encuentra en el centro del cerebro. Controla la actividad de la glándula pituitaria y regula el hambre, la sed, el sueño, el cuerpo, la temperatura y muchas emociones.
  • Glándula pituitaria: La glándula maestra responsable de liberar la mayoría de las hormonas en su cuerpo.
  • Glándulas suprarrenales: Glándulas triangulares justo arriba de los riñones las cuales son responsables de liberar cortisol.
  • Cortisol: La hormona primaria presente en la sangre en respuesta al estrés.

Cómo su cuerpo maneja el estrés

Su cuerpo tiene un protocolo de respuesta integrado que entra en acción cada vez que experimenta estrés. Comienza cuando un factor estresante ejerce presión sobre su mente o su cuerpo.

La parte del cerebro que reconoce su estado de estrés se llama hipotálamo. Tan pronto como el hipotálamo reconoce un factor estresante, este envía un mensaje a través de las neuronas a una región vecina del cerebro llamada glándula pituitaria. Esta glándula registra las señales del hipotálamo y les dice a las glándulas suprarrenales (ubicadas sobre sus riñones) que aumenten la cantidad de hormonas del estrés que circulan en la sangre.

Esos son los conceptos básicos de la respuesta natural al estrés de su cuerpo. Para entenderlo más y conectar los puntos entre el estrés y la función inmunológica, exploremos la hormona principal del estrés: el cortisol.

Esta importante hormona genera una oleada de energía durante los períodos de estrés. Pero los efectos del cortisol son temporales. Una vez que el estrés desaparece, también desaparece el apoyo energético.

Otra forma en la que el cortisol ayuda a su cuerpo a manejar el estrés es pausando cualquier operación en el cuerpo que no sea esencial. Desafortunadamente, el cortisol causa que algunas de sus funciones inmunológicas dejen de funcionar en un esfuerzo por conservar energía mientras está bajo estrés. Sin embargo, esta acción también hace que estos períodos estresantes sean el momento perfecto para que los gérmenes se asienten.

Aprenda cómo el estrés afecta su función inmunológica

El cortisol funciona temporalmente cuando el factor estresante que experimenta es de corta duración, como cuando llega tarde a una cita o compite en un triatlón. Eso hace que el impacto en su inmunidad sea mínimo. Pero cuando el estrés dura más días o semanas, el aumento de los niveles de cortisol puede comenzar a tener más efectos negativos.

Los altos niveles de cortisol suprimen el sistema inmunológico ya que disminuyen la producción de glóbulos blancos. Sin glóbulos blancos en la búsqueda de gérmenes, su respuesta inmunológica a una infección es mucho más lenta. Por lo tanto, los niveles elevados de cortisol por periodos largos pueden dejarlo susceptible a enfermedades a las que de otro modo no sucumbiría. Por eso es muy común que le dé un resfriado después de un período de mucho estrés.

Los estudiantes universitarios, cuando se están preparando para los exámenes finales, son un buen ejemplo. Muchos estudiantes notan que desarrollan un resfriado días después de finalizar el semestre. Pero, ¿por qué?

El factor estresante (exámenes finales) inicia la respuesta de su cuerpo al estrés. Los niveles de cortisol aumentan y permanecen elevados por un período más largo mientras estudian, incluso durante unas cuantas semanas. Durante este periodo de estrés, el sistema inmunológico permanece suprimido para que el cerebro pueda aprovechar la mayor cantidad de energía disponible para enfrentar el estrés manifestado en la forma de exámenes finales.

Funcionar a esta baja capacidad proporciona a los gérmenes una puerta de entrada para infectar el tejido sano y provocar enfermedades como el resfriado común. Y los síntomas, que en parte se sienten como parte de su respuesta inmunológica, aparecen una vez que han pasado esas pruebas estresantes.

Los exámenes de la universidad no son el único tipo de estrés de largo plazo, por supuesto. Usted puede notar un patrón similar en su propia vida. Mudarse a una nueva ciudad, tener un bebé, cambiar de trabajo y otros desafíos de la vida son factores estresantes de largo plazo muy comunes. Y dado que cualquier estrés prolongado eleva los niveles de cortisol y suprime la inmunidad, los gérmenes pueden explotar su debilitado sistema inmunológico en estos momentos de intensa presión.

Elimine el estrés por el bien de su inmunidad

Aprender a controlar el estrés en su vida puede ayudar a mantener bajos los niveles de cortisol y proteger su sistema inmunológico. Hay muchas actividades que puede probar para eliminar el estrés las cuales también son beneficiosas para su salud en general.

La meditación es una de las estrategias de manejo del estrés más efectivas. Solo unos minutos de meditación concentrada diaria pueden reducir significativamente los niveles de cortisol en la sangre y ayudarlo a sentirse tranquilo y sereno. Esta práctica también puede ayudarle a mantener su inmunidad.

En un estudio, los investigadores encontraron que las personas que meditaban todos los días desarrollaron más anticuerpos contra el virus de la gripe que aquellos que no lo hicieron. Por lo tanto, dedique unos minutos todos los días a desconectarse de este ajetreado mundo y especialmente recurra a la meditación cuando se sienta estresado.

El ejercicio es otra manera comprobada de aliviar el estrés. Usted ya conoce muchos de los beneficios de la actividad física diaria y ahora puede agregar manejo del estrés a la lista de beneficios. (Échele un vistazo a este artículo para conocer más opciones sobre cómo lidiar con el estrés.)

Si ninguno de estos cambios de estilo de vida funciona, su siguiente paso debe ser una conversación con un especialista en salud mental. Hablar con un terapeuta o trabajador social como parte de una terapia puede ayudarlo a enfrentar los factores estresantes presentes en su vida y encontrar métodos efectivos para controlarlos.

No importa cuál técnica elija para manejar el estrés, es hora de equiparse de una mejor manera para proteger su cuerpo y su salud inmunológica de los efectos del estrés.


Nota del editor: la siguiente historia está enfocada en los virus en general. Aunque algunos virus comunes son utilizados aquí como ejemplo, este texto no pretende hacer una exploración profunda de cepas específicas, ni debe ser considerado una herramienta para diagnosticar o tratar ningún virus específico.


Los virus son pequeños microbios que pueden causar grandes impactos en su salud. Informarse sobre cómo funcionan los virus puede ayudarle a entender parte de lo que su sistema inmunológico debe afrontar todos los días.

Empiece con algunas respuestas a preguntas comunes sobre los virus para entender mejor qué hacen, cómo funcionan y la manera en que pueden llegar a ser nocivos. Aquí descubrirá los conceptos básicos acerca de los virus, sobre cómo responde su cuerpo ante ellos y sobre cómo funciona la inmunidad de rebaño frente a los virus.

Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre virus y bacterias?

Respuesta: Los dos tipos de microbios que por lo general lo enferman son virus y bacterias. Ambos son microscópicos y ambos desencadenan respuestas de su sistema inmunológico, pero los virus y las bacterias no podrían ser más diferentes entre ellos.

Empecemos por las bacterias. Estos organismos unicelulares poseen una membrana plasmática. Son capaces de desarrollarse dentro de un amplio rango de temperaturas, lo que significa que se encuentran casi en cualquier ambiente. Las bacterias poseen un ADN circular que usan para reproducirse. Se alimentan tanto de materia orgánica como inorgánica, de células de animales y plantas en descomposición, e incluso de los alimentos que usted consume. Algunas bacterias pueden llegar a hacer fotosíntesis al igual que las plantas.

Las bacterias no siempre son malas. También pueden ser benéficas para su cuerpo. De hecho, la mayoría de las bacterias no son dañinas en absoluto. Su piel y sus intestinos hacen equipo con las bacterias, que usted quizá conozca mejor bajo el nombre de microbioma. Los microbios que viven en su piel le ayudan a deshacerse de la suciedad y de las células muertas. En sus intestinos, las bacterias le ayudan a digerir su comida.

Hay bacterias que pueden ser nocivas, especialmente cuando crecen en lugares en los que no deberían. Por eso, generalmente las infecciones bacterianas afectan zonas localizadas del cuerpo. Eso puede irritar o lastimar los tejidos sanos. Ejemplos de infecciones bacterianas comunes son la faringitis, la intoxicación alimentaria y las úlceras.

Para ayudar a combatir las infecciones bacterianas, su médico puede recomendarle tomar antibióticos. Este tipo de medicamento mata las bacterias que lo están enfermando e interrumpe su reproducción para que no se puedan diseminar.

Los virus son mucho más pequeños que las bacterias y no se consideran organismos vivos. Son agentes infecciosos que tienen una sola cápside o estructura proteica, y una cadena de ADN o ARN dependiendo de su tipo. No son capaces de reproducirse por sí mismos —como las bacterias. En lugar de eso, los virus necesitan alojarse en una célula huésped que se encargue de la reproducción (lo explicaremos a detalle más abajo).

Mientras que las bacterias pueden ser dañinas o benéficas, la mayoría de los virus tienen la función de enfermarlo. Algunos virus comunes son el rinovirus (resfriado común), la varicela y el herpes. Las infecciones virales provocan síntomas en todo el cuerpo, como congestión, dolor, tos y fatiga.

Los antibióticos no funcionan con los virus. En este caso, usted debe confiar en su sistema inmunológico. Con el tiempo, su sistema inmunológico desarrollará anticuerpos capaces de identificar el virus y prevenir que éste infecte células sanas. Por eso es tan importante practicar hábitos sanos de manera constante para mantener su salud inmunológica.

Algunos virus pueden prevenirse gracias a las vacunas. Las vacunas pueden ayudar a que su cuerpo cree anticuerpos antes de que usted haya sido expuesto al virus en su vida diaria. De esta manera, su cuerpo estará listo para combatir el virus específico si este se presenta algún día.

Pregunta: ¿Cómo trabajan los virus en su cuerpo?

Respuesta: Como los virus no están vivos, deben apoyarse en células huésped para completar su ciclo. Actúan como parásitos ­—infectando células sanas, utilizándolas para reproducirse y destruyéndolas cuando ya no les sirven.

Los virus son pequeños paquetes de ADN o ARN (material genético) que viajan en una estructura proteica. Son maestros del disfraz, por lo que el recubrimiento proteico de un virus hace que las células de su cuerpo generalmente lo confundan con nutrientes. Las células sanas son engañadas para fijarse al virus mediante sus receptores proteicos. Es entonces cuando el virus entra en la célula.

Una vez dentro de la célula huésped, el virus libera su información genética. Los virus necesitan copiar material genético para reproducirse, así que secuestran el sistema reproductivo de la célula. Entonces, la célula huésped empieza a copiar el ADN o ARN del virus en lugar de reproducir su propio material genético.

Después de que el virus se reproduce dentro de la célula, se libera, destruyendo la célula huésped en el proceso. El virus usa la membrana de la célula huésped para viajar por el cuerpo sin ser detectado por el sistema inmunológico. Por eso resulta tan complicado tratarlos. Es difícil para el sistema inmunológico identificarlos y atacarlos.

Eventualmente, su cuerpo aprende a diferenciar los virus de las células sanas. Cuando lo hace, su sistema inmunológico crea anticuerpos. Estas pequeñas proteínas etiquetan al virus. Los anticuerpos conducen a los agentes del sistema inmunológico, como los glóbulos blancos, hacia el virus para que sus defensas puedan eliminarlos —junto con las células afectadas.

Pregunta: ¿Qué son los síntomas?

Los síntomas son señales físicas creadas por su cuerpo para decirle que algo está mal. Lo alertan de posibles infecciones causadas por bacterias o virus. Con el tiempo, los síntomas mejoran mientras su sistema inmunológico elimina la infección de su cuerpo.

La mayoría de los síntomas son detonados por gérmenes que irritan las células sanas. Pueden causar irritación de garganta, estimular la producción de mucosa y elevar la temperatura corporal. Pero los síntomas que usted experimenta cuando se siente enfermo de hecho pueden ayudar a que su cuerpo combata la infección. Vea cómo su sistema inmunológico trabaja en mancuerna con los síntomas para protegerlo de los gérmenes.

  • Fiebre: las infecciones desatan un aumento de la temperatura corporal. Tener fiebre no es algo cómodo, pero es una estrategia que su sistema inmunológico usa para matar los virus. Algunos gérmenes no se adaptan a las altas temperaturas, así que la fiebre convierte a su cuerpo en un lugar hostil para la sobrevivencia del virus.
  • Secreción nasal: cuando las membranas mucosas que revisten sus conductos nasales son lastimadas por algún virus, usted experimenta secreción nasal. Eso sucede porque su cuerpo produce una gran cantidad de mucosa para atrapar a los gérmenes y desalojarlos. La secreción nasal es una señal de que su sistema inmunológico está trabajando arduamente para frenar la infección.
  • Toser: su sistema respiratorio tiene un reflejo que expele los gérmenes de su cuerpo. Si las células de sus vías respiratorias detectan un intruso, pueden activar la tos. La tos fuerte elimina el polvo, bacterias y virus de su garganta y pulmones. Toser también le ayuda a eliminar el exceso de mucosa de su nariz y garganta.
  • Estornudar: Al igual que toser, estornudar es un reflejo. Es una poderosa respuesta inmune que expulsa los gérmenes de su nariz rápidamente.

Pregunta: ¿Por qué la gente experimenta diferentes síntomas?

Respuesta: Los síntomas provocados por una infección no son los mismos para todos. La genética tiene mucho que ver con la manera en que su cuerpo combate la enfermedad y, como no hay dos personas que posean los mismos genes, todos respondemos a los gérmenes de manera distinta.

Sus genes influyen en la manera en que su sistema inmunológico combate los virus y bacterias. El proceso inmunológico comienza en el vientre materno con los anticuerpos y los gérmenes heredados por su madre (esto se conoce como inmunidad pasiva, y es temporal en los recién nacidos). La información recibida tras padecer cualquier enfermedad es almacenada en sus genes para que su sistema inmunológico se pueda adaptar. De esa forma usted puede producir anticuerpos para detectar infecciones en el futuro. De esta manera, cuando usted experimenta síntomas causados por alguna infección, es probable que sus genes no se hayan encontrado con ese germen antes. Si alguien más ya ha desarrollado una respuesta inmune a esa infección, puede que nunca experimente síntomas.

El estilo de vida es otro factor que afecta la manera en que la gente experimenta los síntomas, especialmente el tabaquismo. Cuando hablamos de resfriados, los síntomas de la mayoría de la gente ceden relativamente rápido. Los no fumadores experimentarán tos y congestión moderadas que se resuelven con el tiempo, pero los fumadores padecen una experiencia distinta. Fumar mata las células que recubren la nariz, garganta y pulmones, y debilita significativamente la respuesta inmunológica. El tejido dañado tarda más en repararse, provocando que síntomas como la tos y la congestión duren más tiempo. Por eso puede resultar difícil salir de un resfriado si usted es fumador.

Pregunta: ¿Tratar los síntomas de una enfermedad puede prolongar la infección?

Respuesta: Aún no hay conclusiones respecto a este tema. En la mayoría de los casos, no existe mucha evidencia que sugiera que tratar los síntomas de una enfermedad provoque que ésta dure más.

Algunas infecciones virales serias (como la influenza) pueden tardar bastante en desaparecer. Eso no tiene nada que ver con los medicamentos que usted use para tratarla. Desgraciadamente, hasta el mejor sistema inmunológico necesita tiempo para expulsar la influenza.

Síntomas como la congestión y la tos se vuelven tediosos muy rápido, así que es razonable buscar una cura. Usted puede sentirse mejor rápidamente tomando descongestionantes que le ayuden a despejar su nariz y garganta; también puede tomar un supresor de tos. Este tipo de tratamientos no interfieren directamente con su respuesta inmunológica.

Algunas infecciones requieren medicamentos más potentes. Las infecciones bacterianas como la faringitis necesitan antibióticos para matar las bacterias que lo están enfermando. Estas medicinas acortan la vida de la infección, y también le ayudan a sentirse mejor. Identifican la fuente de la infección (la bacteria) y la eliminan de su cuerpo.

En el caso de los medicamentos esteroideos, usted puede notar un incremento en el tiempo que se siente enfermo. Los esteroides tratan la inflamación, que en ocasiones puede ser causada por alguna infección en el cuerpo. Esto representa una supresión temporal de su respuesta inmunológica habitual, lo que puede causar que la infección que está provocando la inflamación dure más tiempo. Los esteroides son usados en casos específicos, dependiendo del tipo de infección.

Pregunta: ¿Cuándo es necesario tratar la fiebre?

Respuesta: Si usted presenta fiebre, quizá sea mejor esperar a que pase sola. Utilizar medicamentos para reducir la fiebre puede parecer conveniente en el corto plazo. Pero en el largo, usted está entorpeciendo la reacción natural de su cuerpo contra la infección.

La fiebre se presenta cuando su temperatura corporal se eleva para disminuir la propagación de un virus o bacteria. Los gérmenes prosperan en la temperatura corporal normal, así que subir el calor es una buena manera de forzarlos a salir. Reducir la fiebre hace que su cuerpo se convierta en un ambiente más amigable para los patógenos que lo están enfermando.

La recomendación general es que si usted experimenta una fiebre baja (menos de 101° F/38.3° C para niños y 103° F/39.4° C en el caso de los adultos), procure evitar medicamentos para tratarla. Deje que su cuerpo haga su trabajo y combata la infección. Si su temperatura se eleva sobre esta recomendación, póngase en contacto con su médico. Él sabrá decirle qué medicamento usar.

Si su hijo con fiebre deja de tomar líquidos, parece apático y no hace contacto visual con usted, contacte inmediatamente a su doctor.

Pregunta: ¿Se puede contraer el mismo virus más de una vez?

Respuesta: Sí y no. Los virus son prolíficos y existen muchos subtipos y cepas. Aunque usted podría tener el mismo tipo de virus en distintas ocasiones, quizá solo se sentirá enfermo cuando su cuerpo se tope con una nueva cepa o subtipo.

El rinovirus, el tipo de virus que causa los resfriados comunes, tiene cientos de subtipos y cepas. Cada vez que usted se enferma de gripe, su sistema inmunológico está luchando contra la cepa específica que lo enfermó, y al mismo tiempo usted está desarrollando anticuerpos para etiquetar ese subtipo específico de rinovirus.

Si usted se vuelve a topar con la misma cepa del virus de la gripa, los anticuerpos le dirán a su sistema inmunológico que lo ataque. Sin embargo, si es una nueva versión del virus, quizá no corra con tanta suerte.

Los virus están mutando constantemente para poder sobrevivir. Al igual que los parásitos, su objetivo es alojarse en células huésped y usar su ADN para reproducirse. En cuanto su sistema inmunológico aprende a bloquear un virus, una nueva versión de éste puede aparecer y pasar inadvertida. Esa habilidad se traduce en que usted pueda enfermarse del mismo virus otra vez.

Pregunta: ¿Cómo se comunica el sistema inmunológico para coordinar las respuestas contra los virus?

Respuesta: Una constante comunicación celular es clave para mantener su salud general. Lo mismo sucede con su sistema inmunológico.

Comencemos con los aspectos básicos de la comunicación del sistema inmunológico y sus dos formas básicas ­­­­—contacto directo con receptores y proteínas mensajeras.

Contacto directo con receptores

Como en casi toda comunicación celular, la habilidad de su sistema inmunológico para comunicarse depende de sus receptores. Estas zonas especiales en el exterior de la célula hacen posible la recepción de señales químicas y proteínas mensajeras. También permiten la conexión entre células, donde la transferencia de información se hace posible.

Sus células inmunológicas poseen diferentes receptores. Las células T (una célula inmunológica que crece dentro del timo) utilizan sus receptores especiales —acertadamente llamados receptores de célula T— para reunir información sobre las células infectadas. Esto es lo que permite que otros defensores inmunológicos puedan identificar un patógeno potencial.

Los receptores son tan importantes para el funcionamiento de las células T que son clasificados por los receptores que presentan. Las células T con receptores CD4 son ayudantes, utilizados para guiar a sus fuerzas inmunes. Los receptores CD8 son los que indican que las células T citotóxicas están realizando el trabajo de neutralizar las células infectadas.

Estos tipos de células T buscan y se conectan con receptores específicos dentro de las células infectadas. Dependiendo del tipo de complejo mayor de histocompatibilidad (un receptor dentro de una célula infectada), un ayudante o una célula T citotóxica se adhiere. De esta forma, el tipo de receptor y la conexión resultante dirige un elemento importante de la comunicación del sistema inmunológico.

Proteínas mensajeras

Sin embargo, el contacto directo no siempre es necesario o posible para que se dé una respuesta inmunológica coordinada. Por eso su sistema inmunológico también habla consigo mismo utilizando proteínas especiales llamadas citocinas.

Las proteínas mensajeras inmunológicas pueden viajar distancias largas o cortas, pero ejecutan diferentes acciones. Algunas citocinas dan luz verde para emitir una serie de respuestas inmunológicas. Otras —llamadas quimiocinas— actúan como faros que reclutan y guían más células inmunológicas para lidiar con una situación.

Los interferones son moléculas de comunicación del sistema inmunológico enviadas por distintas células involucradas en una infección. Las células infectadas —tanto las inmunológicas como las normales— envían versiones especiales de estas proteínas. Las células inmunológicas que se apresuran a responder también lo hacen. Aunque son más específicos en su forma y función, los interferones generalmente incrementan el número de receptores de células T para ayudar a etiquetar células infectadas y guiar su respuesta inmunológica.

Este artículo no debe entenderse por ningún motivo como una guía exhaustiva para comprender el complejo lenguaje de su sistema inmunológico, pero es un comienzo, y le ayudará a saber cómo se combinan estos tipos de comunicación para coordinar el caudal de actividad inmunológica cuando su cuerpo percibe una invasión. Eso es importante para tener una respuesta efectiva y eficiente.

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Su cuerpo es una máquina compleja que trabaja arduamente. Funciona mejor cuando todos los sistemas y mecanismos internos operan de manera concertada para mantenerlo trabajando en su mejor nivel —desde su piel y estructura ósea, hasta su sistema nervioso central y cardiovascular—. Sin embargo, como cualquier máquina, el proceso de envejecimiento natural de su cuerpo empezará a afectar a muchos de estos sistemas.

Como parte de las defensas naturales de su cuerpo, no existe ningún sistema que lo afecte por completo durante su declive natural más que un sistema inmunológico envejecido. Con el tiempo, su sistema inmunológico se deteriora naturalmente a causa de un proceso llamado inmunosenescencia. Aunque se define como el impacto de la edad sobre la función inmunológica, es un proceso que, como su sistema inmunológico, es resultado del funcionamiento —o de la falta de funcionamiento— de muchas partes pequeñas.

Para cobrar consciencia de lo que le sucede a su salud inmunológica con la edad, sería importante hacer un breve resumen sobre su sistema inmunológico.

Inmunidad innata vs. adaptativa

Su sistema inmunológico está compuesto por glóbulos blancos, tejidos y órganos que combinan sus fuerzas para defender a su cuerpo contra agentes estresores internos y externos. La respuesta general del sistema inmunológico suele dividirse en dos partes: inmunidad innata e inmunidad adaptativa.

El sistema inmunológico innato (o no específico) es exactamente lo que su nombre indica: aquel con el que se nace. Su inmunidad innata se desarrolla con la ayuda de sus padres y es lo que usted les transfiere genéticamente a sus hijos. Está conformado por barreras inmunológicas físicas y químicas, como el reflejo de toser, la piel, las membranas mucosas o el ácido gástrico.

Su sistema inmunológico innato no es tan poderoso como otras partes de su sistema general, pero es su primera línea de defensa, y ataca rápidamente a todas las sustancias extrañas, llamadas antígenos. Cualquier antígeno que logre atravesar estas defensas tiene entonces que pelear contra su sistema de inmunidad adaptativa.

Su sistema de inmunidad adaptativa es único y está cambiando constantemente. Mientras usted se ve expuesto a diversos antígenos a lo largo de su vida, su sistema de inmunidad adaptativa construye y clasifica defensas para combatir esos antígenos. Cuando su cuerpo es bombardeado, su glándula timo libera linfocitos (células) tipo B y T. Las células B producen anticuerpos y las T atacan directamente a los antígenos. Estos glóbulos blancos trabajan en conjunto para proteger a su cuerpo de cualquier mal, incluyendo amenazas de virus e infecciones, y además recuerdan cómo luchar contra aquello a lo que usted ya ha estado expuesto en el pasado.

Inmunidad y envejecimiento

Al envejecer de forma natural, hay ciertas cosas que le suceden a su cuerpo durante el proceso de inmunosenescencia. Su glándula timo —que alcanza su mayor tamaño durante la pubertad— se encoje, limitando la producción de células T. El número de células T que usted tiene no disminuye con la edad, pero su función sí. Como estas células forman parte del equipo encargado de combatir los antígenos, los riesgos de enfermarse son mayores. Estas células aún recuerdan cómo combatir aquello que han enfrentado en el pasado, pero usted necesita células nuevas para combatir amenazas nuevas —o mutaciones de amenazas a las que su cuerpo ya se ha adaptado, como una nueva cepa de influenza—.

Nuestro cuerpo no solo va creando menos células, sino que estas también son más lentas para reaccionar frente a nuevas amenazas. Como resultado, su cuerpo tarda más en configurar un plan de ataque para lidiar con estas amenazas una vez detectadas. Esta es la razón por la cual las infecciones y enfermedades son más frecuentes y agudas al envejecer que cuando usted —y su sistema inmunológico—eran jóvenes.

Pero no solo es el sistema inmunológico adaptativo el que se vuelve más lento. De forma similar, el sistema inmunológico innato también tarda más en responder y reaccionar como primera línea de defensa en contra de agentes tanto internos como externos. Pensemos, por ejemplo, en una cortada superficial. Cuando usted es joven, los glóbulos blancos se despliegan rápidamente para coagular, cicatrizar y regenerar la piel. Pero, al envejecer, este proceso se vuelve naturalmente más lento, aumentando la propensión a inflamarse e infectarse —dos de los principales factores de un sistema inmunológico debilitado—.

Ayude a su sistema inmunológico en envejecimiento

Aunque un sistema inmunológico más lento es parte natural del proceso de envejecimiento, eso no quiere decir que el deterioro sea inevitable. De hecho, dependiendo de ciertos factores, su cuerpo puede llegar a ser biológicamente más joven que la edad que marca el calendario.

Mientras que su edad cronológica está marcada por los años que han transcurrido desde su nacimiento, la edad biológica —o la manera en que envejece—es la medida de su salud general cuando se toman en cuenta factores como el estilo de vida, la dieta, el riesgo genético de desarrollar padecimientos relacionados con la edad y otros aspectos. Esta es la razón por la cual dos personas nacidas el mismo día pueden aparentar haber envejecido de forma distinta.

Existen ciertos aspectos que no se pueden controlar sobre la manera en que el envejecimiento afecta naturalmente su sistema inmunológico a causa de factores genéticos, pero usted puede agregar (o eliminar) hábitos clave en su estilo de vida que pueden ayudar a todo su sistema.

Mantenga una dieta balanceada

Una dieta rica en frutas y verduras, granos enteros, grasas saludables y carne magra puede ayudar a que su sistema inmunológico siga trabajando con fuerza. Una variedad de frutas, verduras y granos enteros también ayuda a proveer la suficiente fibra dietética para tener un tracto digestivo saludable. Esto es especialmente importante para establecer una fuerte respuesta inmunológica frente a estresores externos, ya que el tracto digestivo es directamente impactado por patógenos y cualquier enfermedad de origen alimentario. Muchos de los alimentos asociados con la dieta mediterránea han demostrado ser de gran ayuda para mantener el buen estado de su sistema inmunológico.

Duerma lo suficiente

La falta de sueño provoca que su cuerpo no pueda producir las proteínas que se encargan de controlar las infecciones y la inflamación, y que ayudan y restauran las respuestas inmunológicas.

Haga ejercicio

Tener un estilo de vida consistentemente activo es una de las mejores formas de ayudar a su salud general. Es recomendable que los adultos realicen alrededor de 150 minutos de ejercicio moderado cada semana. Esto es suficiente para ayudar a su flujo sanguíneo y a que las células inmunológicas viajen por su cuerpo.

Practique buenos hábitos de higiene 

Una de las formas más sencillas de ayudar a su cuerpo a luchar contra los agentes estresores externos es tener una buena higiene. Lavarse las manos adecuadamente y otros hábitos de limpieza ayudan a limitar la exposición a gérmenes que podrían poner a prueba su inmunidad.

Reduzca el estrés

El estrés descontrolado puede influir en su peso, su sueño y su bienestar general, y también puede inducir más presión en su sistema inmunológico. Desarrollar algunas sencillas técnicas para manejar el estrés le puede ayudar a alejarse por un momento de situaciones tensas y comenzar de cero.

No fume

Fumar mata los anticuerpos y antioxidantes de su sangre. Inflama sus pulmones, evitando que las células puedan realizar otras funciones.

Beba alcohol con moderación

La ingesta excesiva de alcohol reduce la capacidad de sus glóbulos blancos para eliminar antígenos y combatir infecciones.

En resumen, un sistema inmunológico sano y un estilo de vida sano son cosas que van de la mano. Prepararse para el impacto del envejecimiento sobre la función inmunológica es un esfuerzo de todo el cuerpo, y para mantenerlo es necesario hacerlo desde una perspectiva holística.

Para obtener más información, investigue a profundidad cómo seguir ayudando a su sistema inmunológico sin importar su edad.

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No es divertido sentirse enfermo, por eso es tan importante proteger la salud inmunológica. Hay cosas que podemos hacer todos los días para apoyar al sistema inmunológico (inspírese en esta útil historia). Pero también hay cosas de la inmunidad que usted debe evitar.

Es importante saber qué NO hacer porque puede ayudar a poner límites y formar hábitos. Por eso, revise estas 12 cosas que debe evitar en relación con la inmunidad y conozca qué es lo que sí debe hacer.

No: Escatimar con el agua

Cuando usted empieza a sentir sed, su cuerpo ya está deshidratado. La hidratación es esencial para que el organismo y el sistema inmunológico se mantengan saludables. Sin una buena cantidad de agua, el cuerpo es menos eficiente y lo hace sentir lento y fatigado.

Es difícil defenderse efectivamente de los gérmenes sin agua suficiente. El agua es necesaria para el movimiento de mocos y flemas, que son dos barreras contra virus y bacterias. Como son pegajosos, atrapan a los microbios, de forma que evitan que los gérmenes se difundan hacia las células saludables.

Mantenga hidratado y feliz su organismo bebiendo cuando menos ocho vasos de agua al día. Una buena cantidad de agua mantiene el flujo del moco. El sistema inmunológico necesita ese moco para atrapar a los gérmenes y ayudar a combatir la infección. No olvide proporcionar al organismo agua suficiente para que haga un buen trabajo.

No: Desvelarse

Como dice el proverbio, “Acostarse temprano, levantarse temprano, hace a un hombre saludable, rico y sabio”. Si bien irse temprano a la cama podría no garantizar el éxito financiero, sí puede mantenerlo saludable.

El sistema inmunológico funciona mejor cuando usted duerme lo suficiente. Ocho horas corridas de sueño dan tiempo a que su organismo se regenere y restaure. El sistema inmunológico también tiene tareas importantes que desempeñar mientras usted duerme.

Por eso, que no se le pase la hora de irse a la cama para estar seguro de que duerme lo suficiente. Por otra parte, que la hora previa sea lo más descansada y tranquila posible. Baje la intensidad de la luz, apague la televisión y deje de lado el teléfono. Relájese y medite para ayudarse a conciliar más rápidamente el sueño.

El sueño de calidad no es negociable. Si necesita motivación extra para no estar despierto hasta tarde, piense en el apoyo que una noche de buen sueño proporciona a su sistema inmunológico.

No: Tocarse la cara

Los ojos, la nariz y la boca son las vías favoritas de los gérmenes para entrar al organismo. Si usted quiere echarle la mano a su sistema inmunológico, no se toque la cara.

Aunque parezca inofensivo, al tocarse la cara transporta microbios de las manos al organismo. El hecho de tocarse la cara no es meterse los dedos a la boca. Tallarse los ojos, rascarse la nariz, morderse las uñas, todos esos hábitos molestos introducen gérmenes al organismo.

No será fácil, pero si usted lucha contra tocarse la cara, puede romper con ese hábito. Intente hacerse responsable de su inmunidad. Píntese las uñas para no mordérselas y mantenga las manos ocupadas para resistirse a tallarse los ojos. Prémiese cuando lo logre. Que un miembro de la familia o un amigo se lo recuerde cuando vuelva a caer. Y si tiene que tocarse la cara, lávese antes las manos.

No: Fumar

No hay manera de disfrazarlo: fumar es un hábito peligroso que afecta a todo el cuerpo, incluido el sistema inmunológico.

El humo del cigarrillo destruye el recubrimiento de las células epiteliales protectoras que cubren el interior de la boca, la nariz y la garganta. Esta capa de células se necesita para proteger de los gérmenes las vías respiratorias. Fumar también lesiona el tejido pulmonar, el cual es particularmente vulnerable a infecciones causadas por virus y bacterias.

Para proteger los pulmones y el sistema inmunológico en general, deje de fumar lo más pronto posible.

No: Beber alcohol en exceso

Emborracharse es tan perjudicial para el sistema inmunológico como fumar. Las borracheras crónicas dañan a las células que recubren la boca y la garganta. También limitan el funcionamiento de los glóbulos blancos, que constituyen la fuerza de ataque del sistema inmunológico contra los patógenos.

¿La prueba? Beber en exceso se correlaciona con enfermarse con mayor frecuencia. Por esa razón, el alcohol en exceso parece debilitar el sistema inmunológico e incrementar la susceptibilidad a las enfermedades.

Reduzca el consumo de alcohol para favorecer la inmunidad. El organismo puede tolerar el consumo moderado y responsable de alcohol: una copa al día para las mujeres y dos para los hombres. Solo tenga cuidado y no exagere.

No: Olvidar lavarse las manos

El lavado de manos es la forma más efectiva de protegerse contra patógenos potenciales. Además, es un hábito fácil de adoptar. Recuerde lavarse las manos antes de comer, después de ir al baño y después de haber estado en lugares públicos.

Pero no es tan simple como enjuagarse las manos. La técnica adecuada para lavarse las manos tiene que practicarse. Consulte una guía sobre el lavado de manos para aprender a hacerlo correctamente. Y empiece a lavarse las manos con frecuencia para restarle presión al sistema inmunológico y dejar de propagar gérmenes.

No: Hacer mal uso de sanitizantes y desinfectantes

Sanitizar y desinfectar, así como la limpieza en general, ayudan a limitar la exposición a gérmenes. Pero tampoco exagere. Los productos que usted utiliza para matar gérmenes también pueden ser contraproducentes si se hace mal uso de ellos.

Nunca aplique en la piel ni introduzca a su cuerpo los limpiadores, desinfectantes y sanitizantes para superficies, vidrios, telas o el baño. Estos productos van de irritantes a tóxicos. Utilice el equipo de protección adecuado (como guantes o anteojos protectores) cuando desinfecte áreas de su casa.

Puede parecer obvio, pero nunca beba ninguno de esos limpiadores, ni se aplique aerosoles desinfectantes en el cuerpo, no se exponga a luces UVC sanitizantes que son ultraperjudiciales. Ingerir o inyectarse estos productos puede acabar en una llamada a un centro de control de envenenamiento o en una visita a la sala de urgencias.

Los sanitizantes para manos son la excepción: se han formulado para aplicarse en la piel, y sólo en la piel. Los sanitizantes para manos a base de alcohol (tanto en aerosol como para frotar) son magníficos para la higiene de las manos en caso necesario, pero deben utilizarse según las instrucciones del fabricante. Además, asegúrese de supervisar a los niños cuando los utilicen, para que lo hagan de forma adecuada y efectiva.

No: Descuidar el ejercicio

Cuando usted prefiere el sillón al ejercicio, la condición física no es lo único afectado. Hacer ejercicio moderadamente puede ayudar a mantener saludable el sistema inmunológico.

El ejercicio regular está relacionado con un mejor funcionamiento inmunológico y menos episodios de enfermedad cada año. Esto se debe a que la actividad física mejora la circulación sanguínea y el líquido linfático que conforman el sistema inmunológico. Por otra parte, el ejercicio aeróbico ayuda al fortalecimiento de los pulmones, de modo que sean más eficientes en la obtención de oxígeno para el organismo.

Ejercitarse regularmente favorece la salud de músculos y articulaciones, además de la ventaja adicional de protegerlo contra la enfermedad.

No: Limitar el consumo de frutas y verduras

La alimentación desempeña un papel muy importante para la respuesta inmunológica del organismo. Colme su plato de alimentos que ayuden a mantener saludable el sistema inmunológico. Las frutas y verduras son el punto de partida ideal.

Procure incluir una fruta o verdura en cada comida, pues frutas deliciosas como naranja, manzana, plátano y bayas están llenas de antioxidantes y vitaminas. El cuerpo necesita antioxidantes para ayudar a destruir las estructuras de virus y bacterias antes de que puedan dañar células saludables.

Las verduras surten de minerales a la sangre —como hierro y magnesio— y al cuerpo de beta caroteno y vitamina del complejo B. Ambos son importantes nutrientes favorables para el funcionamiento inmunológico. Mantienen saludables a las células para que el sistema inmunológico pueda enfocarse en la cacería de invasores.

No: Pasar por alto una dosis diaria de vitaminas

Los suplementos son ideales para apoyar al organismo con vitaminas y minerales favorables para la salud inmunológica. Por eso, asegúrese de seguir tomando su multivitamínico.

Busque suplementos con una buena cantidad de vitaminas C, B6 y E. Estos antioxidantes apoyan la inmunidad y ayudan a proteger la salud de tejidos y células, amenazada por microorganismos dañinos. La vitamina C también favorece la producción normal de glóbulos blancos en el organismo, es decir, las células inmunológicas que localizan y destruyen a posibles patógenos.

Un suplemento es una fuente confiable de nutrientes de calidad de la cual puede depender el sistema inmunológico. Combine los suplementos con una alimentación saludable para apoyar adecuadamente la inmunidad.

No: Ir a trabajar estando enfermo

Si usted tiene la opción de quedarse en casa y no ir a trabajar si no se siente muy bien, aprovéchela. Esta práctica permite no poner en riesgo a los demás y a usted le permite recuperarse.

Piense en todos los espacios compartidos y los objetos que toca en la oficina. Al estornudar o toser riega gotitas con gérmenes, los cuales pueden sobrevivir horas o días casi en cualquier superficie. Esto facilita que el bicho que lo enfermó se difunda entre sus compañeros de trabajo.

Piense en las personas con quienes trabaja cuando quiera ir a trabajar y no ceder ante un resfriado: le van a agradecer que se quede en casa a descansar, en vez de poner a prueba sus sistemas inmunológicos. Incluso podría darse cuenta de que quedándose en casa se recupera más rápidamente.

No: Dejarse abrumar por el estrés

Aflojar el paso y minimizar el estrés es mejor para usted y su sistema inmunológico, aunque es más fácil decirlo que hacerlo. Si no se controla adecuadamente, el estrés puede colarse desde el trabajo, la escuela y las responsabilidades familiares y afectar gravemente al sistema inmunológico.

El estrés inhibe casi cualquier función orgánica, incluida la inmunidad. Cuando se acumulan las tareas diarias, el sistema inmunológico tiene que bajar el ritmo para adaptarse. El cortisol (hormona del estrés) inunda el flujo sanguíneo e impacta las respuestas inmunológicas. Como se reduce la producción de glóbulos blancos, usted es blanco fácil del virus del resfriado o la gripe.

El control del estrés es un arte que toma años de práctica, pero usted puede empezar a minimizar el estrés haciendo un inventario de las responsabilidades diarias. Trate de eliminar actividades innecesarias que requieren tiempo y energía. Aprenda a decir no a tareas que no puede hacer. Pida ayuda cuando se vea rebasado.

Aprender a afrontar el estrés protegerá su inmunidad y su salud en general. Dormir, ejercitarse, meditar y someterse a terapia son también excelentes para manejar el estrés. Ponga su bienestar a la cabeza de sus tareas para poder reducir el estrés y vivir más feliz y saludablemente.

Ahora revise lo que tiene que hacer por su salud inmunológica

Ya con una lista de lo que NO debe hacer, ahora puede enfocarse en crear hábitos que puedan ayudar a apoyar el sistema inmunológico.

Póngase como objetivo estar siempre alerta y tomar agua y lavarse las manos. Sea educado y quédese en casa cuando no se sienta bien. Demuestre respeto por su organismo alimentándolo con frutas y verduras enteras y diciendo no al tabaquismo y a beber en exceso.

Aprenda los hábitos favorables para la inmunidad y lo que tiene que evitar. Sus decisiones sobre el estilo de vida pueden marcar la diferencia en cuanto a la salud de su sistema inmunológico.

Usted comparte el mundo con todo tipo de virus y microbios (conocidos como gérmenes). Estos gérmenes incluyen algunos que son patógenos, lo que significa que pueden producir enfermedades. Una vez en sus manos, estos gérmenes pueden propagarse fácilmente a otras áreas de su cuerpo o transferirse a otras personas o superficies, por lo que los profesionales de la salud recomiendan encarecidamente lavarse las manos con frecuencia. Esta no es una tarea que debe tomarse a la ligera, hacerse a medias o realizarse sin seguir la técnica adecuada de lavado de manos.

Lavarse bien con agua y jabón neutraliza los microbios que permanecen en sus manos esperando la oportunidad de entrar al cuerpo. (El uso de un desinfectante de manos a base de alcohol también es otra opción para matar los gérmenes—hablaremos sobre esto más adelante.) El lavado de manos es una forma rápida, fácil y efectiva de prevenir la propagación de gérmenes. Desafortunadamente, muchas personas no se lavan las manos con la suficiente frecuencia o lo hacen de manera incorrecta.

Un estudio publicado en el Journal of Environmental Health analizó las técnicas de lavado de manos de 3,749 personas que usan baños públicos. Los impactantes resultados revelaron que, aunque un 67 por ciento de las personas se lavaron con agua y jabón, sólo el cinco por ciento lo hizo el tiempo suficiente para eliminar los gérmenes que se encuentran en sus manos. Un 23 por ciento de las personas se enjuagaron las manos, pero no usaron jabón. Y un 10 por ciento no se lavó las manos en absoluto después de ir al baño.


Los comienzos del lavado de manos

La importancia de la higiene fue reconocida a principios del siglo XIX. Fue en esa época que varios científicos prominentes hicieron importantes descubrimientos en la microscopía, microbiología y en la prevención de enfermedades. Pero Ignaz Semmelweis, un notable médico húngaro, fue quien descubrió la importancia del lavado de manos en las instituciones dedicadas al cuidado de la salud.

El Dr. Semmelweis descubrió que la tasa de enfermedad y de muerte entre las mujeres y sus bebés disminuyó drásticamente después de requerirle a su personal médico que se lavaran las manos, y también sus instrumentos médicos, con jabón y una solución de cloro entre cada autopsia y cada paciente de maternidad que atendieran. Debido a este descubrimiento, algunos consideran al Dr. Semmelweis el padre de la higiene de las manos.

Durante un discurso en el 1850 en la sala de conferencias de la Sociedad Médica de Viena, el Dr. Semmelweis compartió sus descubrimientos, y les aconsejó encarecidamente a sus colegas que se lavaran las manos para evitar la propagación de enfermedades. Desafortunadamente, la comunidad médica en general no prestó atención a este consejo durante varias décadas, e innumerables vidas se perdieron innecesariamente a causa de ello.


La importancia de la higiene de las manos

Los gérmenes viven dentro de usted, sobre usted y en todo su entorno, sobretodo en las superficies que usted toca con frecuencia. A lo largo del día, es normal que entre en contacto con todo tipo de gérmenes a través del aire que respira, los objetos que toca y las personas que conoce. Y aunque su piel puede proporcionar una barrera protectora contra estos microbios, esta protección no es completa. El tocarse, sin darse cuenta, los ojos, la nariz y la boca—un hábito difícil de romper del que todos somos culpables—ocurre aproximadamente cada dos minutos y medio.

Este número no es una conjetura; proviene de un estudio realizado en estudiantes de medicina, publicado en el American Journal of Infection Control. El estudio descubrió que los estudiantes se tocaban la cara un promedio de 23 veces por hora, y casi la mitad de las veces que esto ocurría, entraban en contacto con una membrana mucosa (ojos, nariz o boca).

Ahora pregúntese: ¿cuántas veces al día se toca usted la cara?

Es una pregunta importante. Las manos son un portal que permite que los gérmenes dañinos se cuelen dentro de usted y potencialmente lo enfermen. Se ha estimado que el 80 por ciento de las enfermedades infecciosas se propagan por el tacto. Y como no es práctico el usar un traje especial de protección todos los días, es importante aplicar con frecuencia las técnicas de lavado de manos adecuadas (lavarse cuidadosamente con agua y jabón o con un desinfectante a base de alcohol).

¿Por qué? Porque una higiene de las manos efectiva neutraliza los gérmenes que pueden acechar en sus manos. El jabón y el agua son en realidad la mejor opción, pero el desinfectante a base de alcohol es una opción cuando el lavado de manos no es posible. Aunque no es peligroso, los niños menores de seis años deben tener la supervisión de un adulto cuando usan un desinfectante de manos. También es importante seguir las instrucciones de uso que aparecen en el panel de datos de un desinfectante.

El poder de la técnica adecuada de lavado de manos 

El frotar las manos rápidamente mientras las mantiene bajo el chorro de agua puede parecer una técnica de lavado de manos adecuada, pero no es suficiente para lograr una limpieza efectiva. Lo mejor es tomar unos segundos más para lavarse las manos adecuadamente con agua y jabón, ya que el hacerlo correctamente podría marcar la diferencia entre mantenerse saludable o contraer una infección que bien pudo haber prevenido.

Los expertos recomiendan lavarse las manos (para crear fricción) durante al menos 20 segundos o el tiempo que se necesite para cantar “Feliz cumpleaños” dos veces. El tipo de jabón no es tan importante como la técnica de lavado de manos, lo que significa que los jabones básicos funcionan tan bien como el jabón antibacterial, siempre y cuando siga los pasos de lavado de manos que se describen a continuación.

Este enfoque es efectivo porque el jabón se compone de moléculas en forma de alfiler que tienen una cabeza hidrofílica (atrae el agua) y una cola hidrofóbica (repela el agua). Las moléculas de jabón pueden actuar como un puente que conecta la cabeza hidrofílica a una molécula de agua y la cola hidrofóbica a los lípidos y gérmenes que pueden permanecer en sus manos.

Cuando se lava las manos con agua y jabón, los gérmenes quedan rodeados de moléculas de jabón. Las colas hidrofóbicas del jabón, en un intento por evitar el agua, se adhieren a los gérmenes, y esto los neutraliza. Aunque los virus no están técnicamente vivos, las moléculas de jabón compiten con los lípidos que están sobre y dentro de la membrana del virus para ayudar a separarlo, convirtiéndolo en un virus inofensivo.

Finalmente, el enjuagarse con agua limpia el jabón de las manos elimina la gran mayoría de estos gérmenes.

Pasos para el lavado de manos con jabón

Ahora que ya sabe la razón por la que es importante practicar correctamente la técnica de lavado de manos, hablemos acerca de los pasos a seguir para completar esta importante tarea.

  • Comience mojándose las manos con agua limpia (tibia o fría) y luego aplíquese el jabón.
  • Forme una espuma frotándose las manos con el jabón. Frote las palmas y el dorso de sus manos con esta espuma. Asegúrese de frotarse entre todos los dedos y ambos pulgares. No olvide incluir las puntas de los dedos y la base de las uñas. Incluso, lávese por debajo de las puntas de las uñas, si es necesario.
  • Continúe frotando sus manos durante al menos 20 segundos. Una buena guía que le ayudaría a completar el tiempo sugerido es cantar o tararear dos veces, de principio a fin, la canción “Feliz cumpleaños”. También puede cantar o tararear la canción de su elección, configurar el temporizador de su teléfono o contar hasta cierto número. Solo asegúrese de frotarse las manos hasta completar un mínimo de 20 segundos.
  • El siguiente paso importante es enjuagarse bien las manos con agua limpia.
  • Y finalmente, séquese las manos con una toalla limpia (o una toalla de papel). También puede dejar que se sequen con el aire, pero no se las seque en su ropa.

El desinfectante de manos (espuma o gel) es la siguiente mejor solución para desinfectarse las manos cuando no se puede lavar con agua y jabón. Es importante que se deshaga de cualquier suciedad que tenga en las manos antes de usar el desinfectante de manos.

  • Aplíquese aproximadamente una cantidad del desinfectante de manos (con un contenido de alcohol de al menos 60 por ciento) del tamaño de un centavo en la palma de una mano.
  • Frótese las manos creando fricción, esparciendo el desinfectante por todas las superficies de las manos, centrándose en las palmas, los pulgares, las yemas de los dedos y las uñas, hasta que se sequen. La cantidad que use debe tardar en secarse completamente por lo menos 15 segundos.

Ahora que ya sabe cómo realizar correctamente esta actividad de mantenimiento de la salud, recuerde hacerlo a menudo. La evidencia científica apoya abrumadoramente la técnica adecuada del lavado de manos como la forma más simple e importante de ayudar a reducir el riesgo de infección. El adoptar este importante hábito puede desempeñar un papel importante en la protección de su salud general y la salud de su familia y amigos.

La risa es un lenguaje universal. Usted aprende a reír más o menos a los 17 días de nacido, y durante el resto de su vida sigue carcajéandose, riendo entre dientes y riéndose nerviosamente. Y eso es bueno, pues la risa como medicina puede ser más que un dicho divertido.

Si bien no sustituye a la medicina moderna, hay pruebas de la que la risa es buena para usted. También ayuda la risa compartida, que es una excelente forma de conectarse con los demás. La risa puede aliviar tensiones, ayudar a hacer amistades y, definitivamente, hacer que uno se sienta bien.

Risa vs. humor

Lo divertido y la forma en que usted responde a ello son dos cosas diferentes. El humor es algo que evoca una respuesta a un relato o una observación que modifica las expectativas normales.

Por ejemplo, la idea de un pato entrando a un bar a pedir una bebida es graciosa porque usted sabe que los patos prefieren los estanques a los bares, y no beben alcohol. Quien cuenta el chiste está tratando de compartir un cuento tonto para poner a prueba su imaginación y provocar una respuesta.

El humor puede ser gracioso, inexpresivo, morboso, absurdo, elitista, inmaduro, tonto e irónico. Sin importar la clasificación, su respuesta física al humor es reírse. Se manifiesta verbalmente y a través de gestos tradicionales, como sonreír, encogerse de hombros y darse una palmada en la rodilla.

Los mecanismos de la risa

Digamos que le acaban de contar un chiste verdaderamente divertido. Al instante, las comisuras de los labios se elevan para dibujar una sonrisa. Usted emite una serie de “ha-ho-ha-hos” al mismo tiempo que se da palmadas en las rodillas. Tal vez le duela el pecho de tanto reírse. Incluso llora de la risa. Y si fue un chiste muy, muy bueno, hasta podría empezar a perder el conocimiento.

Su cuerpo reacciona en el momento en que el cerebro procesa algo como divertido. El cigomático mayor — ese músculo fuerte que cruza la mejilla— forma en la boca una sonrisa. Los otros 20 músculos faciales se estimulan y entran en acción: se cierran los ojos y las mejillas se mueven involuntariamente hacia atrás y adelante. Los conductos lagrimales se activan.

El sonido de la risa se debe a que el sistema respiratorio está en peligro. La epiglotis —lengüeta en forma de hoja que evita que los alimentos entren a la tráquea— aletea y provoca el cierre parcial de la laringe. Y mientras usted se ríe, los pulmones no reciben suficiente oxígeno. Esto hace que la cara se ruborice, o en circunstancias extremas, lo hacen perder el sentido.

Se cree comúnmente que los demás indicadores físicos de la risa, como darse palmadas en la pierna, inclinar la cabeza hacia atrás o agitar las manos son risas protocolarias. Este comportamiento es una forma de conectarse con un grupo, exagerando la aprobación de un chiste.

La risa como medicina—Beneficios físicos

No es chiste que la risa puede ser buena para la salud. Para empezar, el sistema inmunológico se beneficia con las carcajadas de un día. Las personas que ríen muestran incrementos en las células T y las células asesinas naturales (NK, por sus siglas en inglés). Estos poderosos miembros del sistema inmunológico ayudan a combatir a los invasores y a mantenerse saludable. La risa también puede reducir el estrés, mejorar la actividad de las células NK y, por ende, favorecer al sistema inmunológico.

La risa también es buena para el corazón. ¿Alguna vez ha sentido que le duele el cuerpo después de haber reído mucho? Se ha descubierto en investigaciones que la risa intensa proporciona al cuerpo un breve lapso de ejercicio aeróbico. Una buena risotada puede incrementar el ritmo cardiaco, elevar el nivel respiratorio y el consumo de oxígeno. Si bien la risa no es un buen sustituto del ejercicio regular, la risa intensa sí ofrece beneficios físicos.

Los beneficios de la risa pueden extenderse y apoyar a todo el sistema cardiovascular. Los vasos sanguíneos, como las arterias y venas, clave para el sistema circulatorio, son responsables de transportar la sangre por todo el cuerpo. Hacen circular la sangre desde el corazón y hacia éste. Todos los vasos sanguíneos tienen un recubrimiento interno —el endotelio— que les permite relajarse y expandirse para incrementar el flujo sanguíneo.

Hay pruebas de que la risa ayuda a los vasos sanguíneos a funcionar más efectivamente haciendo participar al endotelio. Si usted está estresado o triste, el organismo puede liberar adrenalina y noradrenalina —hormonas que hacen que los vasos sanguíneos se contraigan. La risa o la felicidad pueden limitar la liberación de dichas hormonas, disminuir la tensión de los vasos sanguíneos y mejorar su estructura.

Y curiosamente, mientras usted ríe, puede liberarse gas de la risa —óxido nítrico— en el torrente sanguíneo. En todo el cuerpo se produce óxido nítrico, que por su calidad de vasodilatador, relaja el endotelio para ayudar a expandir los vasos sanguíneos. Con una buena carcajada se liberan beta endorfinas en el torrente sanguíneo. Como las endorfinas hacen sentir bien, se desencadena la liberación celular de más óxido nítrico en el torrente sanguíneo y la presión sanguínea se relaja.

Pero ahí no paran los beneficios físicos de la risa. Cuando de tolerancia al dolor se trata, la risa como medicina no es un chiste. Mientras usted ríe, pueden liberarse endorfinas en el torrente sanguíneo y provocar una sensación calmante. La risa también exige que su cuerpo respire profundamente, y esto ayuda a relajar los músculos.

La risa también es clave para la memoria. Los maestros que incluyen el humor en sus clases crean un entorno de aprendizaje menos estresante. Cuando el maestro intercalaba chistes sobre temas relevantes, era más probable que los estudiantes recordaran esos puntos clave de la clase. Estos hallazgos sugieren que el humor contextual puede ayudar a retener información.

Si conforme envejece usted asocia humor e información, es más probable que transfiera recuerdos de corto plazo a la memoria de largo plazo. Hay más probabilidades de que una persona mayor recuerde lo que ha hecho si emprende actividades divertidas y alegres.

Reduzca el estrés y construya relaciones con una buena carcajada

Cuando algo le hace cosquillas, el organismo lo recompensa con una ráfaga de hormonas: cortisol, epinefrina y dopamina. La risa puede incluso producir endorfinas naturalmente, hormonas del bienestar que ayudan con el dolor.

Los individuos que ríen 15 veces o más al día pueden incrementar el número de anticuerpos de su sistema. Una dosis diaria de risas y sonrisas puede ayudar a sostener al sistema inmunológico, al tiempo que limita los efectos físicos del estrés.

Si bien en general el enojo, la culpa y las penas no se relacionan con la risa, es muy efectiva para lidiar con emociones intensas. Incluso la risa ligera puede ayudar a poner en perspectiva una situación y ofrecer la oportunidad de remodelar la visión de ciertos acontecimientos. Esto se debe a que la risa distrae de las emociones negativas. Los psicólogos piensan que el humor incluso es valioso para reducir los efectos de situaciones amenazantes.

Los beneficios sociales de la risa son innumerables, y no se limitan a una carcajada. Hasta el mínimo acto de bondad o cortesía —incluso una sonrisa sincera— puede reproducir las sensaciones provocadas por la risa. Basta con reír o sonreír para que usted pueda mejorar el estado de ánimo general de las personas que lo rodean.

La risa es característicamente contagiosa. Piense en esto: cuando de lejos usted ve a dos personas riéndose, es muy probable que también usted sonría. Los humanos son unos reflejo de otros, y esto empieza en la infancia, cuando un bebé copia el comportamiento de sus padres. Para crear un vínculo social con alguien, es natural recurrir a comportamientos pasados positivos e intentar repetirlos. El cuerpo sonríe naturalmente como reacción a experiencias agradables, por eso es normal que alguien —que ni siquiera comparte la experiencia positiva—imite una sonrisa.

Los científicos han sugerido que la risa fue un precursor del lenguaje. Esta teoría tan popular, implícita en la hipótesis del cerebro social, dice que el cerebro humano es más grande que el de otros animales porque los primeros humanos vivían en grupos de mayor tamaño. El cerebro se desarrolló hasta ser un órgano más grande por la necesidad de recordar a otros miembros del grupo y la relación entre cada individuo.

De eso se deriva la importancia de la socialización. Como no podían verbalizar la emoción, los primeros humanos emitían breves estallidos de risas para demostrar placer ante los demás miembros del grupo. Conforme en los humanos se desarrolló la capacidad física para hablar, la risa siguió siendo una forma de comunicar sentimientos de aprecio a los otros miembros del grupo.

Una buena dosis de risa

El ejercicio puede ayudar a mantener el cuerpo en movimiento. Una dieta saludable puede proporcionar al organismo los nutrientes adecuados. Una buena dosis de risa es excelente para levantar el ánimo, mejorar el humor y hacer que usted se sienta naturalmente mejor. Por eso es importante tener una perspectiva saludable y divertida de la vida.

Por todas estas razones, la respuesta a la pregunta original de ‘¿la risa como medicina es un chiste malo y ridículo?’, es un rotundo no. Si bien no va a sustituir a las prácticas médicas modernas, la risa puede formar parte de su estilo de vida saludable.

Las cosas divertidas no son las mismas para todos, pero si usted puede reírse más, podrá lidiar con situaciones estresantes, incrementar su creatividad, apoyar a su salud y tener una perspectiva más positiva en su día a día.

El sistema inmunológico está siempre trabajando para mantenerlo saludable. Entender la forma en que el propio organismo se protege le da a usted armas para combatir los gérmenes. Hay muchos mitos sobre cómo mantenerse saludable. Investigue para distinguir entre realidad y ficción y no se deje engañar por ninguno de estos mitos sobre el sistema inmunológico.

Arranque con el pie derecho con esta lista que derrumba siete de los mitos más comunes sobre el sistema inmunológico. Entérese de qué lo enferma y qué no, y descubra las medidas que puede tomar para mantenerse saludable durante todo el año.

Mito sobre la inmunidad 1: El clima frío enferma

Tan seguro como el cambio de estación es que en invierno acabará por pescar algo. La pregunta es por qué. Es muy común pescar algún virus de resfriado en los meses fríos, y tal vez eso lo lleve a pensar que las bajas temperaturas son la causa de su enfermedad.

Pero no es así.

Sí hay un vínculo entre las bajas temperaturas y la enfermedad, pero es una correlación, no una relación de causa y efecto. Muy probablemente los cambios de comportamiento asociados con el clima frío desencadenan esos picos estacionales.

El clima frío hace que las personas pasen más tiempo en lugares cerrados, lo cual da lugar a la transmisión de gérmenes entre quienes están en estrecho contacto. Piense en miembros de una familia, compañeros de trabajo, compañeros de clase o las personas con quienes comparte el transporte público. La proximidad con otros es la forma principal de difusión de los virus, independientemente de las temperaturas a la intemperie.

Un patrón similar se presenta cuando los niños vuelven a la escuela después de las vacaciones de verano o cuando usted empieza a ir a un nuevo gimnasio. La cercanía física con muchas personas aumenta la probabilidad de pescar algún bicho (haga frío o calor afuera).

Destaca en algunas investigaciones que las bajas temperaturas ofrecen un mejor entorno de vida para ciertos virus. El rinovirus (microbio responsable del resfriado común) suele vivir en estado latente en los conductos nasales esperando por temperaturas más adecuadas. Cuando llega el frío, despierta y se reproduce.

Si usted se queda dentro por el clima, una tos o estornudo involuntarios lanza al virus del resfriado al aire que usted comparte con otros. Como el clima frío acerca a las personas, basta con un estornudo para difundir un resfriado. Pero el cambio de clima no fue sino parte de la ecuación.

Mito sobre la inmunidad 2: Las alergias estacionales son signo de debilidad del sistema inmunológico

Es todo lo contrario. Las alergias estacionales son resultado de una respuesta inmunitaria exagerada que confunde partículas pequeñas del aire con microorganismos perjudiciales. Piense que las alergias son la característica distintiva de un sistema inmunológico exageradamente vigilante, más que perezoso.

Puede ser difícil diferenciar una alergia de un problema de las vías respiratorias superiores, pues comparten muchos de los síntomas, pero la alergia no es contagiosa. Tal vez usted tenga dolor de cabeza, congestión, escurrimiento nasal, ojos llorosos/irritados, o hasta ardor en la garganta. Todos esos síntomas son también los de un resfriado.

La diferencia radica en que las alergias no son provocadas por bacterias o virus. Al respirar, partículas inofensivas como polvo, polen o moho entran al organismo. Si usted padece de alergias estacionales, su sistema inmunológico responde a dichas partículas como si fueran posibles patógenos.

Para minimizar los síntomas de su alergia, trate de identificar qué la provoca. Si es el polen, evite las plantas en flor. Las alergias al polvo suelen intensificarse cuando afuera hay viento, así que en los días airosos, piense en protegerse la boca y la nariz con una mascarilla.

Como su nombre lo indica, estas alergias son estacionales, es decir, que con el tiempo empezarán a mejorar. Los síntomas de alergias suelen controlarse con medicamentos recetados por un médico. Hable con su doctor para ver si puede ayudarle a controlar sus alergias estacionales.

Mito sobre la inmunidad 3: El lavado de manos “mata” a los virus

Tal vez le sorprenda enterarse de que el lavado de manos en realidad no los mata, pues los virus no están vivos, o sea que no pueden reproducirse por sí mismos, pero el lavado de manos sí las libera de los virus, de otra manera.

El jabón se adhiere a la membrana o pared exterior de los virus, y las moléculas de jabón también compiten con los lípidos que están dentro de la membrana del virus, ayudan a descomponerlo y lo hacen inofensivo. Esta viscosidad se traduce en que el agua arrastra los microbios. Al lavarse las manos, se deshace literalmente de los virus que le pueden provocar una enfermedad.

Si desea recordar cómo lavarse adecuadamente las manos, revise esta práctica guía. La técnica del lavado de manos es importante, e implica mucho más de lo que usted se imagina.

Después de lavarse las manos, asegúrese de secarlas perfectamente. La transferencia de los virus es más difícil cuando las manos están secas. Lávelas y séquelas con frecuencia durante el día. El lavado de manos no mata los gérmenes patógenos, pero es una forma efectiva de deshacerse de ellos.

Mito sobre la inmunidad 4: El desinfectante para manos es más efectivo que el lavado de manos

Lavarse las manos con agua y jabón es la forma más efectiva de prevenir la difusión de bacterias y virus. Cuando no es posible, el desinfectante para manos es una alternativa segura.

A diferencia del lavado de manos, el desinfectante para manos sí destruye los microbios. El alcohol del desinfectante desactiva los virus y evita que se transfieran a partir de ellas. El desinfectante de manos con un mínimo de 60 por ciento de alcohol efectivamente mata las bacterias y los microbios que tiene en las manos.

Para aprovechar al máximo el desinfectante de manos, trate de eliminar primero la suciedad y los desechos visibles. Límpiese las manos con una servilleta o paño antes de aplicar el desinfectante. La suciedad y la grasa propia de la piel reducen la efectividad del desinfectante para acabar con los microbios.

Para eliminar los microbios, el desinfectante para manos no es tan efectivo como lavarse las manos. Llevar consigo el desinfectante es una forma práctica de limpiarse las manos en cualquier lugar. Cuando va de compras o va manejando, no siempre es posible detenerse para lavarse las manos. Utilice el desinfectante en esos casos para mantenerse libre de gérmenes.

Mito sobre la inmunidad 5: “Alimenta a un resfriado, mata de hambre a una fiebre”

Este refrán es uno de los mitos más arraigados sobre el sistema inmunológico. El organismo necesita el combustible adecuado para combatir cualquier infección. Imagínese tratar de ganar una batalla con el estómago vacío: así se comportará su sistema inmunológico si restringe lo que come cuando está enfermo.

No hay muchas pruebas de que ayunando se reduce la fiebre. De hecho, la demanda de calorías del organismo se incrementa cuando usted lucha con una infección. El sistema inmunológico necesita la energía de la dieta para incrementar la producción de glóbulos blancos. Cuando sube la temperatura interna del cuerpo también se acelera el metabolismo. Esto significa que se necesitan más calorías para estar a la altura.

Sin embargo, si no se siente bien, tal vez no tenga mucho apetito, lo cual es completamente normal. No se obligue a comer si no quiere, podría sentir náuseas.

Pero si tiene un resfriado o fiebre, si está enfermo, es importante comer lo que apetezca. Opte por alimentos integrales y nutritivos si no se siente bien. Muchas frutas, verduras cocidas y proteínas son fáciles de digerir y aportan los nutrientes esenciales para organismo. Coma lo que más se le antoje.

Mito sobre la inmunidad 6: La sopa de pollo con pasta acorta el resfriado

Por bueno que parezca, un plato de sopa no es ninguna cura. Y aunque la sopa de pollo con pasta tradicionalmente se haya considerado como un alimento reconfortante, por desgracia la sopa en sí no tiene poderes mágicos curativos, como tampoco las plumas del pollo con que se hizo la sopa.

Tiempo, descanso y la medicación adecuada son la única forma para derrotar a una infección.

Esto no quiere decir que la sopa de pollo con pasta sea una mala idea. Es magnífica y deliciosa para una buena nutrición por los ingredientes de calidad que pueden ayudarle a llenar de energía su cuerpo cuando lo necesita. Los antioxidantes y las vitaminas de las verduras favorecen al sistema inmunológico, y las proteínas del pollo proporcionan energía sostenible para apoyarlo en su batalla.

Las sopas (y otras comidas calientes) ayudarán a aliviar algunos de los síntomas del resfriado. El vapor del caldo suele limpiar los senos paranasales y el calor puede aliviar a una garganta irritada.

Otros alimentos también suelen ofrecer un alivio similar. Té caliente, miel, arroz, plátano y puré de manzana son deliciosos, y pueden aliviar las molestias estomacales. Pruebe con alguno la próxima vez que no se sienta bien. No curan de por sí el resfriado, pero le proporcionarán la nutrición que necesita para apoyar al sistema inmunológico.

Mito sobre la inmunidad 7: El ejercicio debilita al sistema inmunológico

Emprender un programa de entrenamiento tipo Juegos Olímpicos puede provocar un gran desconcierto en su sistema inmunológico, pero el ejercicio regular de bajo impacto suele hacerle mucho bien al organismo. El hábito del ejercicio es una forma confiable de preparar al organismo para los gérmenes que lo rondan.

Los glóbulos blancos proliferan cuando usted entrena. El ejercicio incrementa la renovación celular en el organismo y estimula la producción de tan importantes células inmunitarias. Después de todo, son las tropas que van a la vanguardia en la batalla contra virus y bacterias.

Que ejercitarse sea un objetivo para la salud del sistema inmunológico y el bienestar en general. Asegúrese de no exagerar, pues demasiado ejercicio vigoroso puede resultar contraproducente. No arriesgue, camine, trote o nade para asegurarse de que el movimiento corporal sea un apoyo para el sistema inmunológico.

No permita que los mitos y la desinformación sobre el sistema inmunológico se propaguen

Ahora que ya está enterado de los datos falsos en torno al sistema inmunológico, haga lo que le toca para sustituir esos mitos con la verdad.

Asegúrese de aplicar las medidas de seguridad apropiadas cuando aumenta la difusión de los virus. Demuestre sus conocimientos relativos a los mitos sobre el sistema inmunológico dando prioridad al ejercicio y consumiendo alimentos nutritivos para sentirse fuerte. Instruya a su familia y amigos sobre la importancia del lavado de manos.

Acabe con los mitos sobre el sistema inmunológico y haga lo pueda para ayudar a que su organismo se mantenga saludable.

Su sistema inmunológico tiene muchas ansias de disfrutar del descanso que le brinda su cama al final del día, y esto es porque una noche reparadora de sueño de calidad es uno de los mejores hábitos para el apoyo inmunológico que puede adoptar. Obviamente, el sueño es esencial para la salud total del cuerpo. Sin embargo, lo que su sistema inmunológico hace mientras usted duerme conecta el mantenimiento de una protección adecuada con su sueño nocturno.

El sueño ofrece el periodo de reorganización, reparación y rejuvenecimiento que usted necesita para seguir llevando una vida saludable y, en ocasiones, ajetreada. Por lo tanto, no es sorprendente que un estudio tras otro vincule el sueño con el mantenimiento de una función inmunológica saludable.

Es muy probable que haya pasado por esto en su vida; trabajar sin descanso hasta el agotamiento puede producir en usted una sensación poco menos que agradable. Acaba con malestar, cansado, irritable y susceptible a tomar malas decisiones de salud y, en general, malhumorado.

Sin embargo, usted también ha vivido los beneficios que ofrece una noche sólida de sueño. Se siente con energía, avispado, fuerte, mentalmente ágil y, en general, listo para enfrentar lo que el mundo le tenga reservado. Usted sí entiende los beneficios del sueño, pero lo que tal vez no comprenda es la razón por la que el dormir es vital para apoyar la salud inmunológica.

Una exploración reveladora de su cuerpo en reposo es la manera de revelar esa información. Es hora de dejar al descubierto lo que su sistema inmunológico hace mientras usted duerme, incluyendo el movimiento de componentes, la creación de “recuerdos de inmunidad” y la activación de procesos que apoyan la proliferación y la efectividad de las células inmunológicas.

Mientras duerme, sus células inmunológicas están en movimiento 

El sueño es un complejo y activo proceso envuelto en serenidad. Usted se ve tranquilo y pacífico cuando duerme, pero su sistema inmunológico, junto con su cerebro y otros procesos corporales, trabajan arduamente para mantenerlo saludable.

Por un lado, algunas de sus células inmunológicas más importantes están en movimiento.

Las células T (glóbulos blancos importantes producidos en el timo) circulan en el torrente sanguíneo cuando se encuentra despierto; son como su fuerza de seguridad lista para atacar a cualquier intruso. Sin embargo, cuando duerme, las células T se ausentan de la sangre, y sus niveles disminuyen.

¿A dónde van? Los investigadores han tenido dificultadoes para rastrear las células T en sujetos, pero la evidencia sugiere que algunos subconjuntos de células T se conglomeran en los ganglios linfáticos durante la noche, para luego regresar a la sangre tan pronto despierta.

¿Por qué sucede esto? El tema es complejo, pero existe cierto acuerdo en que las paradas nocturnas de las células T en los ganglios linfáticos apoyan la memoria inmunológica adaptativa. Usted conocerá más sobre este proceso a continuación.

Los movimientos de las células inmunológicas durante el periodo de sueño también ayudan a mantener el equilibrio. Su cuerpo siempre está buscando la homeostasis, y el sueño le da a su sistema inmunológico el tiempo para lograrlo.

Mientras duerme, su sistema inmunológico está creando recuerdos

El sueño ayuda a su cerebro a formar recuerdos, incluyendo sus recuerdos inmunológicos.

Las hormonas comienzan la reacción en cadena de eventos que consolida una memoria inmunológica. Las que son secretadas durante el Sueño Profundo de Movimiento Ocular Lento (NREM por sus siglas en inglés) promueven la creación de recuerdos inmunológicos duraderos.

Parte de este proceso es la cita linfática nocturna de las células T y las células presentadoras de antígenos. El movimiento hacia los ganglios linfáticos y el tejido linfático permite que las células presentadoras de antígenos les entreguen información a las células T, lo cual es clave para la creación de la memoria inmunológica y la capacidad de respuesta de su sistema inmunológico adaptativo.

¿Cómo saben los científicos que esto funciona? Los investigadores han estudiado cómo el sueño afecta el conteo específico de células de memoria inmunológica después del uso de vacunas (una de las únicas formas de probar este proceso sin dañar a los sujetos exponiéndolos a patógenos activos).

Los resultados muestran que un sueño adecuado después de la vacunación apoyaba la producción de anticuerpos y linfocitos T específicos del antígeno. Los individuos privados de sueño no mostraron la misma respuesta sólida a la vacuna. Esto muestra el poder del sueño para apoyar su adaptación inmunológica y ayudar a proporcionar una protección óptima para su cuerpo.

Mientras duerme, se preserva la efectividad de las células inmunológicas 

El sonambulismo diurno después de haberse acostado tarde en la noche es una prueba de que cuando descansa bien es cuando mejor se va a sentir. Una buena noche de sueño le ofrece la fortaleza que necesita para enfrentar cualquier reto con eficacia y efectividad.

También, su sistema inmunológico está en su mejor momento después de una noche de sueño de calidad. Volvamos a las células T para ver qué hace su sistema inmunológico mientras duerme para ayudar a estas células a hacer su trabajo manteniéndolo seguro y saludable.

Para neutralizar a los invasores, las células T necesitan adherirse a ellos primero. La capacidad pegajosa que ayuda a las células T a destruir las células infectadas por patógenos proviene de las proteínas llamadas integrinas. Un estudio analizó cómo el sueño afecta a estas proteínas y la función de las células T.

Los investigadores relacionaron el sueño (y la disminución correspondiente en las hormonas del estrés) con la activación normal de estas proteínas pegajosas y el mantenimiento de la función de las células T. El grupo privado de sueño mostró una reducción en la actividad de las integrinas. Aquellos que durmieron de manera adecuada tenían células T pegajosas capaces de cumplir efectivamente con sus deberes inmunológicos.

El sueño y su cóctel de hormonas ayudan a mantener la efectividad de importantes procesos inmunocelulares. Los estudios han producido señales positivas sobre la interacción que existe entre el sueño y los procesos clave de células inmunes, incluyendo:

  • Proliferación de glóbulos blancos y proteínas inmunológicas protectoras (citocinas)
  • Activación de células inmunológicas
  • Diferenciación de nuevos glóbulos blancos
  • Optimización de la función de las células asesinas naturales (glóbulos blancos de acción rápida del sistema inmunológico innato)

Cuando cuida de sus células inmunológicas, como cuando disfruta de un sueño de calidad, su cuerpo de guardaespaldas está completo, en posición y listo para protegerlo adecuadamente.

Duerma y apoye su sistema inmunológico

El conocer acerca de los beneficios inmunológicos del sueño podría entusiasmarlo más a querer disfrutar de un buen sueño nocturno. Eso es comprensible, ya que ahora conoce más sobre lo que hace su sistema inmunológico mientras duerme y lo importante que es para su salud.

Planifique dormir, por lo menos, siete horas de buen sueño todas las noches. Es posible que tenga que ajustar su rutina, especialmente en torno a la tecnología, pero valdrá la pena para el beneficio de su sistema inmunológico y para todo lo demás que el sueño hace por su cuerpo.