¿Por qué USANA usa soya?

USANA usa soya como fuente importante de proteína en sus barras y en sus mezclas para preparar bebidas.  Son una variedad de factores los que se han considerado para tomar esta decisión.  El más importante involucra el hecho de que la proteína de soya es nutricionalmente completa y de alta calidad, y el consumo de soya se ha relacionado con diversos beneficios a largo plazo.  Además, la proteína de soya es ecológicamente amigable.  Su producción tiene un impacto ambiental mucho más bajo que la producción de la mayoría de los alimentos proteínicos de origen animal.

Esto no significa que no apreciemos el valor nutricional de otras proteínas.  La proteína del suero de leche, por ejemplo, también es de alta calidad desde una perspectiva nutricional, y puede tener algunas ventajas para aquellos cuyo principal objetivo es desarrollar músculo.  También tiene algunas ventajas en cuanto a sabor y a la sensación que produce en la boca, aunque nuevos aislados de soya le están dando alcance en la arena sensorial.  También reconocemos el valor de la proteína de arroz, de chícharo y de otros concentrados de proteína, pero hay que señalar que pocos de estos son tan completos o tan balanceados como la soya y el suero de leche.

En general, no obstante, nuestra postura es que una dieta saludable debe incluir proteína de una amplia variedad de fuentes, incluyendo alimentos integrales (legumbres, granos enteros, carne, lácteos y pescado), así como alimentos procesados que sean saludables.  En este contexto, creemos que la soya, el suero de leche y otros aislados y concentrados de proteína pueden desempeñar una función como componentes de dietas saludables y bien balanceadas.

¿Es la soya la fuente de proteína  preferida para todos? No. Claramente hay personas sensibles o alérgicas a la soya, y estas personas deben evitar o limitar su consumo de proteína de soya.  De manera similar, hay personas que son alérgicas a los lácteos que deberían evitar la proteína de suero de leche.  Los vegetarianos o los veganos, por su parte, pueden desear evitar la proteína de suero de leche porque es de origen animal.

Sin embargo, para los científicos de USANA éstas no son bases suficientes para hacer de la opción entre la proteína de suero de leche o la de soya una propuesta “todo o nada” o “blanco y negro” para la gran mayoría de las personas.

 

Análisis detallado:

  1. Valor nutricional de la proteína de soya

Con el paso de los años se han desarrollado diversas escalas para evaluar el valor nutricional de la proteína.  Estas escalas se han utilizado para calificar diversas proteínas en cuanto a su capacidad para apoyar el crecimiento, aportar importantes aminoácidos y satisfacer de manera general los requerimientos de los seres humanos en cuanto a proteína.  El primer estándar ampliamente aceptado fue la Proporción de Efectividad de la Proteína (PER, por sus siglas en inglés).  Desarrollado en 1919, este método se concentraba en las características de apoyo al crecimiento de una determinada proteína, y se aplicaba en ratas (más que en humanos) como animal de prueba.  Debido a las diferencias metabólicas entre los roedores y los humanos, este método ha sido ampliamente desacreditado y en la actualidad rara vez se usa.

Un segundo método, la escala de Valor Biológico (VB), se basa en la retención corporal del nitrógeno de la proteína. Se cree que es una buena medida de la utilización de la proteína.  La escala VB va de 0 a 100, en la que 100 indica que virtualmente 100% del nitrógeno de una proteína dada es retenido por el cuerpo.  Algunas personas, en particular en el mundo del deporte, usan este método, pero no está ampliamente aceptado dentro de la comunidad de científicos de la nutrición.

La mayoría de los nutriólogos (y muchos en el sector de los deportes) ahora considera que el Puntaje de Aminoácidos Corregido por la Digestibilidad Protéica (PDCAAS) es el estándar internacional para evaluar la calidad de la proteína.  Este enfoque, desarrollado por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y respaldado por la Administración de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA), considera el balance de aminoácidos de una proteína determinada según se compara con las necesidades de aminoácidos de los humanos, con referencia específica a niños de entre 2 y 5 años.   También toma en consideración la digestibilidad de la proteína, o qué tan completamente es desintegrada la proteína y absorbida por el cuerpo.  La escala PDCAAS va de 0.0 a 1.0 en la que una calificación de 1.0 indica que la proteína satisface por completo las necesidades humanas desde una perspectiva de calidad.

Durante la década de 1990, la proteína de suero de leche se convirtió en la proteína elegida entre los físico-culturistas, debido en gran parte a una intensa y exitosa campaña de mercadotecnia patrocinada por la industria de los lácteos.  La promoción comercial se basaba en el hecho de que algunos aislados de proteína de suero de leche tienen una calificación de 100 según la escala de VB.  En comparación, la proteína de la clara de huevo (el estándar tradicional para los físico-culturistas), típicamente se coloca en el rango de 90, mientras que la mayoría de los pescados, la res y la proteína de soya están en el rango de los 70 puntos en la escala de VB.  (Se podrá observar una amplia variedad de calificaciones de VB para estos alimentos porque diferentes personas expresan las proporciones de diferentes maneras, y las técnicas para la medición del VB son imprecisas y no se pueden replicar fácilmente de un experimento a otro.)

Sin embargo, cuando se emplea el enfoque del PDCAAS, los aislados de proteína de soya, los aislados de proteína de suero de leche y la proteína de la clara de huevo obtienen todos una puntuación completa de 1.00, lo que significa que todos presentan un valor nutricional muy alto -y esencialmente equivalente- en el apoyo a la salud humana.

La alta calificación que logran los aislados de proteína de soya según el PDCAAS habla de dos importantes hechos.  En primer lugar, la proteína de soya es bien digerida y absorbida por los humanos (a esto se refiere la “D” del PDCAAS).  En segundo lugar, la proteína de soya es una proteína completa, contiene todos los aminoácidos esenciales en un balance adecuado para el crecimiento humano, el desarrollo y la salud (a esto se refiere la “AA” del PDCAAS).

Algunos autores han manifestado que la soya tiene deficiencia del aminoácido esencial metionina, como implicando que la soya no contiene metionina.  Esto es incorrecto.  Tal vez la soya no sea rica en metionina, pero contiene suficiente para satisfacer las necesidades humanas en la mayoría de las circunstancias.  Además, es importante señalar que los requerimientos humanos de metionina pueden ser parcialmente cubiertos por otro aminoácido que contiene sulfuro (cisteína).  Cuando se considera el contenido de cisteína + metionina, la proteína de soya es nutricionalmente excelente.

  1. Alergias y sensibilidades a la soya

La soya se encuentra en la lista de los ocho alérgenos alimenticios de mayor prevalencia elaborada por la FAO.  Esta lista incluye la leche, los huevos, los pescados, los crustáceos, el trigo, los cacahuates, las nueces y la soya.  En conjunto, estos alimentos son los responsables de cerca del 90% de las alergias alimentarias.

Dicho esto, es importante entender que estas alergias alimentarias de alto perfil difieren ampliamente en cuanto a su incidencia, severidad y síntomas, y que la proteína de soya -en relación con la proteína de la leche o de las nueces, por ejemplo- es un alérgeno relativamente suave.  Considere lo siguiente:

  • Las alergias a la leche y a los cacahuates son, cada una, entre 5 y 6 veces más predominantes que las alergias a la soya.  De hecho, la verdadera incidencia de la alergia a la soya es bastante baja, según se confirmó a través de estudios alimentarios doble ciego controlados con placebo.  Las investigaciones indican que las reacciones alérgicas a la soya ocurren predominantemente en niños de menos de cuatro años de edad, y la mayoría de los cálculos concuerdan en que <1.0% de los niños (probablemente 0.2-0.4% de los niños) tienen una verdadera alergia a la soya.  Además, 90% de los niños que presentan reacciones a la soya superan la alergia a la edad de cuatro años.  Dadas las estadísticas, es seguro asumir que <0.1% de los adultos (menos de 1 de cada 1,000) son alérgicos a la soya.
  • Los umbrales de reacción a los alérgenos alimentarios, o la dosis oral mínima de proteína que genera una respuesta alérgica, tienden a ser en magnitud varias veces más altos (más de 100-1000 veces) para la proteína de soya que para la proteína de leche o de cacahuate.  En otras palabras, se requiere de 100-1000 veces más proteína de soya que proteína de leche o de cacahuate para disparar una respuesta alérgica en las personas que presentan sensibilidad a estos alimentos.
  • La alergia a la soya tiende a producir síntomas suaves en relación con otras alergias alimentarias.  En un informe resumido sobre estudios clínicos de exposición, se observó que en el 80% de los casos informados, los síntomas de alergia a la soya fueron de mínimos a leves, en tanto que el 20% restante eran moderados.  No se informó acerca de reacciones alérgicas severas a la soya.  En comparación, las alergias a la leche y a los cacahuates produjeron síntomas de mínimos a ligeros en entre 50 y 70% de los casos, síntomas moderados en entre 20 y 30% de los casos y síntomas severos en entre 10 y 15% de los casos.

En resumen, la proteína de soya puede producir reacciones alérgicas en algunas personas, pero en relación con la leche, los cacahuates y otros alérgenos alimentarios de alto perfil, las reacciones a la soya son menos comunes, se disparan con mayor dificultad y son menos severas.

Más allá de las verdaderas reacciones alérgicas, algunas personas pueden ser sensibles a los azúcares y a la fibra “no digeribles” presentes en la soya.  Estos componentes pueden causar inflamación abdominal y gases, justo como los azúcares y las fibras presentes en la mayoría de los frijoles y justo como la lactosa presente en la leche.  Tales síntomas se ven generalmente reducidos, si no es que eliminados, cuando las personas usan aislados de proteína de soya altamente refinados que son 90-92% proteína de soya y solo 3-4% carbohidratos (fibra más azúcares y almidones simples y complejos).

  1. Soya y control de peso

Hay quienes afirman que las fórmulas diseñadas a base de soya para sustituir comidas no son efectivas para el control de peso.  Sin embargo, el hecho es que la proteína de soya ha estado siendo usada efectivamente como componente de dietas para el control de peso durante más de 20 años.  Estudios hechos en animales han demostrado que la proteína de soya y las isoflavonas bioactivas y péptidos asociados pueden tener efectos benéficos en el metabolismo de la glucosa, en el metabolismo de las grasas, en la sensibilidad a la insulina, en el índice metabólico, en la ingesta de alimentos y en la pérdida de peso.   Estudios aplicados en humanos han demostrado además que una mayor ingesta de soya o de proteína animal puede aumentar el índice metabólico, reducir el apetito y aumentar la saciedad.  Además, los estudios clínicos aleatorios y los estudios clínicos sobre control de peso han demostrado que las dietas basadas en proteína de soya son absolutamente tan efectivas -si no es que más efectivas- que las dietas basadas en proteína derivada de lácteos cuando se trata de ayudar a la gente a perder peso y grasa abdominal.

La verdad es que la pérdida de peso es mucho más una función de reducir la ingesta de calorías y aumentar la quema de calorías a través del ejercicio, en oposición a simplemente consumir proteína de soya o de suero de leche como parte de la alimentación.

  1. La soya y la función tiroidea

Algunos señalan que los alimentos hechos a base de soya deberían evitarse porque contienen compuestos (isoflavonas) que alteran la función tiroidea.  Nosotros vemos esto como una verdad a medias que tiene poca relevancia para individuos saludables que consumen soya en niveles moderados como parte de una dieta balanceada y saludable.

Durante más de veinte años se estudiado la relación entre el consumo de soya y la función tiroidea. El interés en este tema aumentó en los años cincuenta y sesenta cuando se identificaron varios casos de bocio en bebés que consumían fórmulas a base de soya.  Posteriormente, a través de investigaciones hechas in vitro y en animales, los científicos determinaron que en, en altas concentraciones, las isoflavonas de soya genisteína y daidzeína pueden inhibir la actividad de la peroxidasa y de la 5-deionidasa de la tiroides, enzimas clave involucradas en la biosíntesis de las hormonas tiroideas.

Desde ese momento, 15 estudios clínicos hechos en humanos han evaluado los efectos de los alimentos a base de soya y de isoflavonas de soya en la función tiroidea.  Presumiblemente, en todos esos estudios participaron personas sanas, y con muy pocas excepciones el producto de soya utilizado fue proteína de soya aislada.

Con solo una excepción, todos los estudios mostraron o bien ningún efecto o efectos menores y clínicamente irrelevantes de la soya en la función tiroidea.  El único estudio en el que se observaron marcados efectos contra la tiroides (y el que con frecuencia se cita en la literatura “antisoya”) involucró a dos adultos japoneses que habían sido alimentados con soya tostada que había sido puesta en conserva en vinagre de arroz.  El contenido de proteína de soya y de isoflavonas de este alimento no estaba caracterizado, y el estudio no involucraba a un grupo de control.  Como tal, su relevancia debe ser cuestionada.

Un estudio extenso evaluó los efectos específicos de los suplementos a base de isoflavonas de soya en la función tiroidea.  Las mujeres posmenopáusicas de entre 64 y 83 años recibieron dosis diarias de 90 mg de isoflavonas de soya o un placebo. Se midieron los niveles de hormonas tiroideas al inicio y nuevamente a los 90 y a los 180 días.  Después de seis meses, las diferencias, si las hubo, en hormonas tiroideas entre los grupos fueron estadísticamente indistinguibles.

Actualmente, la mayoría de los expertos concuerda en que los alimentos a base de soya y de proteína de aislado de soya tienen poco efecto, o ninguno, en la función tiroidea de adultos normales y saludables.  Dicho esto, el potencial de que las isoflavonas de soya alteren la función tiroidea no debe ser ignorado por personas que tienen problemas de tiroides y/o gente que presenta niveles de yodo por debajo del nivel óptimo.  Sin embargo, dejando de lado esos grupos, sostenemos que la soya es una buena fuente de proteína de soya cuando se consume en cantidades moderadas como parte de una dieta saludable y balanceada.

En apoyo a esta postura, hay que tomar en cuenta que los pueblos asiáticos tienen una larga historia de consumo de productos a base de soya sin una ocurrencia importante de bocio.  Los mismo sucede con los vegetarianos, quienes consumen no solo mayores niveles de soya, sino altos niveles de frutas y verduras que contienen otros flavonoides que se sabe inhiben la actividad de las enzimas de la tiroides.  Entre estos flavonoides está el kaempferol (presente en las manzanas, cebollas y el té verde), la naringenina (presente en frutas cítricas) y la quercetina (presente en frutas y moras). Tales compuestos están ampliamente distribuidos en los alimentos derivados de las plantas y son consumidos en niveles relativamente altos (hasta un gramo o más al día) por vegetarianos y veganos.  A pesar de esto, las dietas vegetarianas no han sido asociadas a una función tiroidea reducida.

  1. Fitatos de soya

En sus semillas las plantas almacenan fósforo, nutriente esencial para plantas y animales, para apoyar el crecimiento de jóvenes plántulas.  Este fósforo es almacenado en la forma de fitato (hexametafosfato de inositol). Los fitatos de las plantas son considerados por algunos como “antinutrientes” porque los fitatos consumidos en la alimentación humana pueden formar complejos con minerales esenciales como el hierro y el zinc e inhibir la absorción en el intestino.  Otros, sin embargo, consideran que los fitatos son constituyentes importantes de los alimentos que actúan no solo como antioxidantes que conservan los alimentos de manera natural, sino que además ayudan a reducir el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y cáncer en aquellos que consumen granos enteros, frijoles, semillas y nueces.

La soya contiene cantidades importantes de fitatos (1.3-1.4%), y algunos señalan esto como la razón para evitar los alimentos a base de soya.   Sin embargo, es importante señalar que la mayoría de los granos enteros, los frijoles, las semillas y las nueces también son ricos en fitatos (Tabla 1), y hay una gran cantidad de información científica que apoya el hecho de que estos alimentos son elementos importantes de una dieta saludable y bien balanceada que apoye la longevidad y un menor riesgo de padecer enfermedades.  Es difícil argumentar que hay que evitar la soya con base en su contenido de fitatos cuando tantos alimentos saludables contienen niveles comparados de fitatos.

También es importante señalar que en una base porcentual, la proteína aislada de soya contiene mucho menos fitato que los frijoles de soya enteros.

Tabla 1.  Contenido de fitatos en algunos granos comunes, frijoles y nueces.   Valores de NR Reddy y SK Sathe (eds).  Fitatos alimentarios.  CRC Press, 2001.

 

Alimento Contenido de fitatos (%)
Trigo integral 0.7-1.1
Harina integral 0.3-1.4
Salvado de trigo 2.0-5.3
Maíz 0.8-1.0
Avena 1.0
Cebada 1.0
Arroz integral 0.9
Frijoles de soya 1.3-1.4
Aislados de proteína de soya 0.7-0.9
Frijoles rojos 2.6-2.9
Lentejas 0.4-0.5
Garbanzos 0.6
Alubias pequeñas 1.2
Frijoles blancos medianos 2.6-2.9
Chícharos 0.8-1.2
Avellanas 1.9
Nueces de Castilla 0.6-2.4
Almendras 1.3-3.2
Nueces de la india 0.6-2.0

 

  1. La soya y el riesgo de padecer enfermedades crónicas con énfasis en cáncer de mama

La asociación entre el consumo de soya y el riesgo de padecer enfermedades crónicas es controversial.  Los estudios epidemiológicos sugieren que el consumo de soya está asociado a un menor riesgo de padecer enfermedades de corazón, osteoporosis y algunos tipos de cáncer, pero los mecanismos subyacentes a estas relaciones no son claros.  ¿Es la soya en sí misma benéfica o estas asociaciones protectoras existen debido a que quienes consumen altas cantidades de soya también consumen menores cantidades de proteína animal y grasa? Es probable que ambos factores tengan algo que ver, pero existen suficientes investigaciones que indican que la proteína de soya y las isoflavonas de soya probablemente aportan algunos beneficios directos.

Enfermedades cardiovasculares: Con respecto a las enfermedades cardiovasculares, el consumo de proteína de soya se ha asociado a reducciones modestas (3-5%) de colesterol LDL en suero.  Las isoflavonas de soya pueden tener alguna función en el mantenimiento de la función vascular y en la prevención de la rigidez de las arterias, pero la importancia clínica de estos beneficios no se ha definido.

Osteoporosis: Los índices de fracturas óseas son por lo general más bajos entre poblaciones asiáticas que regularmente consumen alimentos a base de soya que entre poblaciones de Occidente que rara vez consumen alimentos a base de soya.  Además, existen algunas evidencias clínicas de que las dietas ricas en proteína de soya y en isoflavonas de soya tienen efectos conservadores en los huesos.  Sin embargo, la evidencia es mixta, lo que lleva a algunos expertos a concluir que si bien los alimentos a base de soya y de isoflavonas no deberían utilizarse como único enfoque para reducir el riesgo de padecer osteoporosis, a las mujeres posmenopáusicas preocupadas por la salud de sus huesos se les debería recomendar la inclusión de alimentos a base de soya en su dieta.

Cáncer / Cáncer de mama: Los estudios epidemiológicos han asociado el consumo de soya con un menor riesgo de padecer cáncer de próstata, de mama y de colon.  Los productos a base de soya contienen cinco clases conocidas de agentes protectores contra el cáncer, incluyendo isoflavonas (fitoestrógenos), inhibidores de la proteasa, fitato, fitoesteroles y saponinas, así como otros potentes anticancerígenos como ácidos fenólicos, lecitina y ácidos grasos omega-3.

Las isoflavonas son actualmente el fitoquímico de soya más intensamente estudiado con respecto al cáncer de mama, aunque hay un creciente cuerpo de literatura que apoya los inhibidores de la proteasa como anticancerígenos.  Además, ciertos inhibidores de la proteasa -tales como el inhibidor Bowman-Birk (BBI) presente en la soya- han demostrado evitar y suprimir la carcinogénesis en modelos animales sin toxicidad.  Una forma concentrada de BBI (a la que se hace referencia como BBIC) ha recibido el estatus de “nuevo fármaco en investigación” para su  uso en estudios sobre la prevención del cáncer en humanos.

Las dos principales isoflavonas presentes en la soya son la genisteína y la daidzeína, y se cree que tienen un efecto protector contra el cáncer.  Cada uno de estos compuestos actúa como antioxidante que ayuda a neutralizar los radicales libres dentro del cuerpo.  Adicionalmente, estas isoflavonas son similares en estructura al estrógeno y pueden enlazarse con los receptores de estrógeno en una variedad de tejidos (particularmente el receptor-β de estrógeno).  Dicho esto, la genisteína y la daidzeína presentan solo una débil actividad estrogénica, tal vez de solo 1/400 a 1/1,000 del nivel del estradiol.  Su actividad es mucho más débil que la mayoría de los demás fitoestrógenos, xenoestrógenos y antagonistas del estrógeno (como el β-sitosterol,  el bisfenol A, octofenol y el tamoxifen). Debido a que los altos niveles de estrógenos se han asociado con el cáncer de mama y con otros tipos de cáncer relacionados con las hormonas, las isoflavonas pueden brindar protección enlazándose a los receptores de estrógeno y bloqueando los efectos nocivos de la(s) forma(s) más potente(s) de estrógeno, funcionando así como antiestrógenos en general.

Las isoflavonas de soya han demostrado brindar protección contra el cáncer de mama en modelos con ratas y en líneas de células de cáncer mamario humano desarrolladas en cultivos celulares.  Sin embargo, no se ha publicado ningún estudio clínico que documente la capacidad de la soya para reducir el cáncer de mama en mujeres con alto riesgo.

El consumo moderado de largo plazo de alimentos a base de soya que contengan isoflavonas puede contribuir a la incidencia relativamente baja de cáncer de mama en los países asiáticos.  La incidencia de cáncer de mama en Japón y China corresponde a la quinta parte de la incidencia en mujeres occidentales.  La ingesta promedio de proteína de soya en el sureste asiático oscila entre los 10-50 g al día, en contraste con los 1-3 g consumidos en Estados Unidos.  Las mujeres asiáticas consumen entre 20 y 80 mg de isoflavonas al día, mientras que las mujeres estadounidenses tienen una ingesta promedio de menos de 5 mg al día.

Diversos estudios epidemiológicos han examinado específicamente la relación entre el consumo de soya y la incidencia de cáncer de mama.  Muchos, pero no todos, han demostrado que la ingesta de soya puede aportar protección.  En un estudio en el que participaron 200 mujeres chinas de Singapur con cáncer de mama y 420 controles comparables, un menor riesgo de padecer cáncer de mama se asoció con una ingesta alta de productos hechos a base de soya en mujeres premenopáusicas.  En un estudio de casos y controles más reciente realizado en la Universidad del Sur de California en Los Ángeles se entrevistó a 597 mujeres de origen asiático-estadounidense con incidencia previa de cáncer de mama y a 966 controles.  El riesgo de padecer cáncer de mama disminuyó a través de una mayor frecuencia en el consumo de tofu en mujeres pre y posmenopáusicas.  En un estudio extenso realizado recientemente en el que participaron 21,852 mujeres japonesas de entre 40 y 59 años se encontró que las mujeres que consumían más isoflavonas de soya reducían su riesgo de padecer cáncer de mama en hasta 54%, en comparación con las mujeres que menos isoflavonas de soya consumían.

Las isoflavonas de soya alimenticias han demostrado inhibir el cáncer de mama en algunos modelos animales, pero en otras investigaciones realizadas en animales han demostrado estimular el desarrollo de cáncer de mama cuando se consume en muy altas dosis (equivalente a una dosis humana de 150 mg al día).  Posteriores investigaciones de laboratorio han demostrado que las isoflavonas de soya pueden inhibir la proliferación de cáncer de mama humano in vitro.  Desafortunadamente, no existen actualmente estudios clínicos de largo plazo aplicados en humanos que ayuden a aclarar este tema.

Como tal, la controversia persiste respecto a si las mujeres que tienen un historial familiar de cáncer de mama -o mujeres a quienes se les ha diagnosticado un tumor dependiente de estrógenos- deberían evitar consumir productos a base de soya.   Con base en nuestras investigaciones, sugerimos a las mujeres que estén en riesgo o que tengan inquietudes que discutan este asunto con su médico y con su oncólogo.

Para resumir, a través de la revisión que hemos hecho de la información científica y la discusión de este tópico con expertos, hemos llegado a las siguientes conclusiones:

  • Los alimentos a base de soya que contienen isoflavonas parecen tener efectos protectores contra el cáncer de mama, particularmente cuando se consumen durante toda la vida (por ejemplo, cuando son consumidos como parte de una dieta saludable y bien balanceada comenzando desde la infancia).
  • El consumo saludable de isoflavonas de soya a través de los alimentos, como se refleja en las dietas asiáticas, parece estar en el rango de los 20 a los 80 mg al día.
  • La ingesta elevada de isoflavonas de soya (>150 mg al día) a través del consumo de alimentos y suplementos fortificados con isoflavonas deberían ser evitados, particularmente por mujeres menopáusicas y posmenopáusicas que tienen riesgo de padecer cáncer de mama dependiente de estrógeno y que en el pasado no han comido de manera regular alimentos a base de soya.

Por último, es importante mantener un sentido de perspectiva.  La relación entre la dieta y el riesgo de padecer enfermedades crónicas es compleja, y podemos no llegar a tener jamás un conjunto completo de respuestas a nuestras preguntas en relación a la soya y la salud a largo plazo.   Dicho esto, sentimos que el peso de la evidencia científica claramente indica que los alimentos a base de soya, ya sean enteros o preparados a partir de aislados de proteína de soya, pueden ser consumidos con moderación y sin riesgo alguno por parte de la gran mayoría de la gente saludable como parte de una dieta saludable y bien balanceada.  La soya ofrece una fuente nutritiva y bien balanceada de proteína que puede utilizarse para compensar la ingesta de proteína de origen animal.  Además, la soya aporta diversos fitoquímicos ligados a la salud a largo plazo.  La soya también contiene fitoquímicos que pueden interferir con ciertos procesos fisiológicos (fitatos e inhibidores de enzimas), pero no es un caso único ni debe ser causa de alarma ya que la mayoría de los alimentos de origen vegetal contienen compuestos similares.  Asimismo, si la ciencia nutricional nos ha enseñado algo es que una dieta rica en alimentos de origen vegetal por lo general brinda protección contra las enfermedades crónicas y en general favorece la salud.

  1. Alimentos hechos a base de soya fermentados vs. no fermentados

Existen dos principales categorías de alimentos hechos a base de soya tradicionales: fermentados y no fermentados. Los principales alimentos no fermentados incluyen la leche de soya, el tofu (cuajada de frijol), frijoles de soya y nueces de soya.  Estos alimentos se consumen principalmente con fines de nutrición.  Los principales alimentos fermentados hechos a base de soya incluyen la pasta de soya (miso en Japón), y los frijoles de soya fermentados (natto en Japón). Las pastas de soya fermentadas generalmente se usan como condimento en la cocina, mientras que los frijoles de soya fermentados se consumen también como parte de una comida.

No existe actualmente consenso científico respecto a qué tipo de soya es superior.  Los siguientes son puntos a considerar:

  • La fermentación de los alimentos a base de soya incrementa la biodisponibilidad de las isoflavonas.  Sin embargo, también disminuye el contenido real de isoflavonas de los alimentos.  La ingesta típica de alimentos a base de soya no fermentados es mayor que la de los productos a base de soya fermentados y contribuiría a un porcentaje mucho mayor de isoflavonas alimenticias.
  • La soya fermentada puede ser más fácil de digerir para algunas personas, aunque la digestión de productos no fermentados no es un problema común y generalmente puede resolverse.
  • Los productos fermentados tienen menores niveles de fitato.  Nuevamente, este no es un asunto importante ya que los niveles de minerales de la gente que lleva una dieta típicamente mixta no se ven significativamente afectados por el contenido de ácido fítico presente en la soya no fermentada.  Adicionalmente, la ingesta de ácido fítico se ha relacionado a un menor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer.
  • Los productos hechos a base de soya fermentada pueden tener un alto contenido de sodio.  Una revisión de la ingesta de soya y el cáncer de estómago indicó que el riesgo era mayor con la ingesta de alimentos a base de soya fermentados (principalmente miso), pero era menor con la ingesta de alimentos hechos a base de soya no fermentados (principalmente tofu). El mayor riesgo de padecer cáncer puede relacionarse con la ingesta de alto contenido de sodio por parte de quienes consumen productos fermentados.  La ingesta de sodio es un factor de riesgo bien conocido de cáncer de estómago.
  • Las afirmaciones respecto a que la soya no fermentada es inferior a la soya fermentada son engañosas.  En la revisión hecha a 26 estudios en animales sobre carcinogénesis experimental en los que se aplicó una dieta que contenía soya o isoflavonas de frijoles de soya 17 (65%) reportaron efectos protectores.  Ningún estudio reportó que la ingesta de soya incrementara el desarrollo de tumores.  La información epidemiológica también es inconsistente; aunque el consumo de productos hechos a base de soya no fermentados (como leche de soya y tofu) tendía a ser o protector o bien a no asociarse con el riesgo de padecer cáncer, ningún patrón consistente fue evidente con los productos a base de soya fermentados (como el miso). Se observaron efectos protectores tanto en los tipos de cáncer relacionados con hormonas como en los no relacionados con hormonas.

Los beneficios establecidos de la soya en relación con las enfermedades cardíacas, la osteoporosis, el cáncer y otras enfermedades crónicas se basan en las ingestas totales de productos a base de soya, proteína de soya o isoflavonas de soya.  La literatura científica publicada generalmente no ha hecho ninguna distinción en cuanto a beneficios entre los alimentos a base de soya no fermentados y los fermentados.  En todo caso, la mayoría de las investigaciones publicadas en torno a la soya están relacionadas con productos o alimentos a base de soya no fermentados.

Nuevamente, la postura de USANA es que la nutrición óptima comienza con una dieta saludable y bien balanceada que incluya una amplia variedad de alimentos de origen vegetal.  Bajo esta perspectiva, tal vez la mejor manera de aprovechar los beneficios para la salud de la soya es consumir cantidades moderadas de una variedad tanto de fuentes fermentadas como de no fermentadas.

  1. Consideraciones ambientales

Algunas personas se oponen a la soya porque se ha convertido en el principal ejemplo de la producción industrial de alimentos alrededor del mundo.  Tan solo Estados Unidos produce entre 70 y 80 millones de acres de frijoles de soya al año.  Esta producción abraza principios de la “Revolución verde”, por ejemplo, los monocultivos, el uso extenso de fertilizantes, pesticidas y herbicidas químicos y de híbridos genéticamente modificados, alta utilización de combustibles fósiles, malas prácticas del uso de suelos que provocan erosión, enormes subsidios gubernamentales y más.  En resumen, la soya no se está cultivando de manera sostenible, y eso impone una tremenda carga a nuestro medio ambiente.

Desafortunadamente, la mayoría de nuestros alimentos básicos (maíz, trigo, arroz, res, pollo, leche, pescado) están siendo producidos y cosechados de manera altamente insostenible.  El problema radica en el enfoque “accidentado” que le estamos dando a la agricultura y a la producción de alimentos en general.  No se trata de una característica inherente a la soya.

De hecho, la soya conlleva una serie de ventajas que reduce ampliamente su impacto ambiental como fuente de proteína.  Estas ventajas, en cambio, significan que la soya, cuando se consume como parte de una dieta balanceada, puede ayudar a reducir el impacto colectivo ambiental de las dietas que seguimos los humanos.  Tales ventajas incluyen:

  • Las plantas de soya fijan el nitrógeno de la atmósfera y requieren poco fertilizante a base de nitrógeno (si es que alguno).  Además, al alternar la soya con el maíz y otras cosechas en una extensión de tierra dada, la producción de soya puede reducir las cantidades de fertilizante a base de nitrógeno que necesitan esos cultivos alternos.
  • La soya ofrece una fuente primaria de proteína de origen vegetal que es completa, balanceada y tan rica en nutrientes como la mayoría de las proteínas animales, y esto lo hace a una fracción del costo ambiental.  Considere que un muy alto porcentaje del maíz y la soya que se producen en los Estados Unidos cada año son utilizados para alimentar ganado, cerdos y pollos, y que la conversión de estos granos en carne es ineficiente.  De hecho, se requieren alrededor de 20 libras de maíz y de soya para producir una sola libra de carne de res.  En comparación, se requieren 4.5 libras para producir una libra de carne de pollo y 7.3 libras para producir una libra de carne de cerdo.

En definitiva, dados los factores anteriores, la proteína de soya, en una base libra por libra, conlleva un costo ambiental de solo 10 a 20% el de una libra comparable de proteína de origen animal o láctea.  Claramente, incluir soya como una fuente importante de proteína alimenticia nos ayuda a que nuestra alimentación se sitúe en una parte más baja de la cadena alimenticia y reduce nuestro impacto ambiental alimentario.

Resumen

En conclusión, USANA cree que la soya es una fuente saludable de proteína para la vasta mayoría de las personas.  Claramente, hay personas alérgicas o sensibles a la soya, y esas personas necesitan limitar su consumo de soya o evitar la soya por completo.  No obstante, las investigaciones científicas que hemos visto indican que este grupo es relativamente pequeño.

Dicho esto, cada uno de nosotros es el mejor juez para decidir qué alimentos debemos comer.  Si usted experimenta efectos secundarios por el consumo de alimentos a base de soya (incluso si no le han diagnosticado una alergia a la soya), hace totalmente sentido que minimice o elimine toda fuente de soya.

Invitamos a todos a convertirse en “estudiantes” activos de nutrición, a buscar información objetiva proveniente de fuentes diversas en relación a los alimentos que consumen.  Invitamos a todos a cuestionar la información que no haga sentido o que suene demasiado bien o demasiado alarmista como para ser cierta.

Como siempre, el consejo más sólido y con sentido común que podemos darle en relación a sus fuentes de proteína es: una dieta saludable es aquella que incluye proteína de una gran variedad de fuentes, incluyendo alimentos enteros (legumbres, granos enteros, carne, lácteos y pescado) y alimentos procesados saludables.  En este contexto, creemos que la soya, el suero de leche y otros aislados y concentrados de proteína pueden desempeñar una función como componentes de dietas saludables y bien balanceadas.

Referencias y lecturas sugeridas

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